YA NO LA NECESITABAN

Arlindo Luciano Guillermo

La política, como un juego astuto de ajedrez -receta de Nicolás Maquiavelo en El príncipe o en las 48 leyes del poder de Robert Green-, es cruel, dominio aplastante, despiadada, decisiones frías, cortar la yugular sin remordimiento ni compasión, comer del mismo plato por conveniencia, si de defender aspiraciones, sobrevivencias y mantenerse vigentes se trata. El fin justifica los medios. No vaya que se haya cambiado mocos por babas o el remedio resulte peor que la enfermedad. La política es el reino de las posibilidades y los cálculos matemáticos. El desempeño eficiente del presidente no está en la edad -Alan García tenía 36 años cuando fue presidente del Perú- ni en el sexo. Dina Boluarte jamás actuó como estadista inteligente ni política sagaz para “jugar con las mismas fichas” de los partidos, parlamentarios y circunstancias adversas que la mantenían aferrada al poder, mientras la calle se desangraba, las encuestas le daban 3% de aprobación y la corrupción visible por doquier. Dina Boluarte no dio la talla, no estuvo a la altura de las circunstancias. A eso se suman estupideces proverbiales, ridiculeces públicas y respuestas bobas. Dina Boluarte es una presidenta para la amnesia histórica. Reemplazó al golpista Pedro Castillo.

Dijo que, si vacaban a Castillo, ella se iría con él. Era palabra de político. Duró en el gobierno dos años y 306 días. La presencia de la mujer en la presidencia de la república se frustró. Cincuenta muertos, rehén del congreso, el gato ronrón, jalón de las mechas en Ayacucho, Rolex, cirugía plástica, Nicanor Boluarte y Vladimir Cerrón prófugos, aumento de sueldo y rechazo popular son algunas perlas que brillan en su sombrío historial.

La tuvieron en el gobierno mientras era útil a los intereses partidarios y proyecciones políticas y electorales. Es relevante conocer ciertos hechos que motivaron y precipitaron la vacancia de Dina Boluarte. 1. La agresión y rechazo público a Phillip Butters en Puno, un apreciable bastión electoral. Si no actúa oportunamente la policía, quizá estaríamos lamentando una tragedia, que puede evitarse con tolerancia y debate político. 2. El ataque al grupo de cumbia Agua Marina durante un concierto en Chorrillos. Dejó el saldo de cinco heridos y cientos de asistentes afectados por el pánico y el caos. Fue la coartada perfecta para la vacancia de Dina Boluarte, quien creía que gobernaría hasta el 28 de julio de 2026. 3. Si las protestas jaquean al presidente Jerí y este renuncia -como lo hizo Manuel Merino de Lama-, quién asumiría la presidencia de la república. No hay que ser adivino: Fernando Rospigliosi Capurro, militante de Fuerza Popular. Todo está calculado. 4. La Generación Z o centennials, nacieron entre 1990 y 2010, hoy tienen, en promedio, 25 años, nativos digitales, pragmáticos, de acciones directas antes que palabras, usan con experticia redes sociales, Internet e inteligencia artificial. Son jóvenes que exigen demandas urgentes e inmediatas, a las que los adultos no les dan interés. Dicen: “Ni Jerí ni el actual congreso, que se vayan todos”. Si se van todos, ¿quién asume la conducción del país? El Perú no puede quedar acéfalo. Había que esperar las elecciones de abril, luego tres meses más para que asuma el flamante presidente. Es admirable que la Generación Z se compre el lío político de la crisis de gobernabilidad. Ellos, en 2030, deben participar directamente en política, candidatear, debatir propuestas, conducir instituciones públicas. Nada es casual en política. Dina Boluarte estuvo secuestrada por una coalición política, que, apenas vio la oportunidad, se desmarcó porque ella es un descrédito electoral. Al domingo 12 de abril de 2026, faltan seis meses para las elecciones. ¿Qué puede hacer Jerí en nueve meses? Garantizar la transparencia y legitimidad de las elecciones. El congreso tiene la oportunidad -si aún es posible- de revertir su desprestigio popular.

José Enrique Jerí Oré tiene 38 años, no ha sido alcalde ni presidente regional. Llegó al congreso como accesitario, se convirtió en presidente del parlamento y de ahí en presidente del Perú. El 28 de julio de 2026 entregará la banda presidencial al electo presidente. Jerí no es mago ni Bukele. El Perú no cambiará solo porque Jerí sea presidente interino. En la caricatura de Carlín (La República. 11-10-2025), aparece José Jerí con el vestido amarillo que Dina Boluarte lució el 7 de diciembre de 2022; además, el peinado rubicundo, sin reloj ni joyas accesorias, se ve el puño del uniforme de sirvienta. El crucifijo está de espaldas a Jerí, resalta el pabellón nacional y el cetro presidencial al costado. Los siguientes días de la gestión de José Jerí hablarán por sí mismos. Pesa sobre Jerí acusaciones y sospechas que se deben investigar y esclarecer. En las redes sociales aparece un “violín con la banda presidencial”. Sin mucha demora, debe conformar el gabinete ministerial y elegir al presidente del consejo de ministros. El congreso, que vacó a Dina Boluarte, lo escuchará, le dará el voto de confianza. Jerí tiene que darle al Perú confianza de gestión, resultados medibles a corto plazo y seguridad para transitar por las calles. Si se dedica a devolver favores políticos, designar en cargos estratégicos a sus amigos y aliados políticos, si la situación se mantiene intacta, entonces sí que la verá difícil mantenerse en el poder. No hay que minimizar a la Generación Z.

El Perú, en nueve años, ha tenido siete presidentes. Revela incapacidad política para resolver problemas de gobernabilidad, deterioro del liderazgo presidencial y una permanente crisis política que entorpece consolidar la democracia y la institucionalidad. Los ciudadanos tenemos que entender que existe un presidente de la república y congresistas en ejercicio porque los partidos políticos los proponen y nosotros los elegimos con el voto democrático. El 12 de abril es la oportunidad de enmendar. El voto tiene que ser consciente, no emocional. A ver si nos va bien, y no se destituyan presidentes antes que culminen su período constitucional. Existe una desilusión ciudadana. La política se ha convertido en un “negocio redondo”; los intereses colectivos están debajo de los beneficios personales y partidarios.

Mientras Dina Boluarte -cero autocritica, alto voltaje de cinismo, enajenación social, rodeada de gente lisonjera- daba su mensaje a la nación, acompañada de sus ministros, el congreso la vacaba, en la misma noche del jueves 9 de octubre. Boluarte gobernó bajo la protección política de la mayoría congresal. Se sintió segura y blindada. Dice Ricardo Uceda: “Dina cayó creyendo en sus altas virtudes y en lo bien que hacía las cosas. No estaba preparada para dirigir un país, pero sus falencias no solo pudieran deberse a la ineptitud o a la falta de experiencia política. La evolución en el poder de una personalidad carente de empatía potenció sus defectos. (El Comercio. 12-10-2025). Estamos, sin duda, ante la “involución institucional del presidencialismo” (La República, 12-10-2025). ¿Quién, política y electoralmente, estaría al lado de una presidenta con 3% de aprobación? En política, no hay amigos, todos juegan su propio partido de intereses y utilidades.