¿Ya fuistes?

Por: Jorge Farid Gabino Gonzalez

En la lengua oral de sectores socioculturales bajos, tanto de América cuanto de Europa, es cada vez más frecuente oír expresiones como Te pasastes, Quisistes o, la archiconocidísima en español peruano, Ya fuistes. La segunda persona del singular de los tiempos verbales simples, sean estos de los modos indicativo o subjuntivo, lleva la –s característica, ya sea que se trate de verbos de la primera, segunda o tercera conjugaciones.
No ocurre lo mismo, sin embargo, con el pretérito perfecto simple, que se distingue por contravenir la pauta en cuestión. Pues no lleva la –s característica de los demás tiempos simples.
De ahí que en el español contemporáneo, vale decir, en la que se tiene por lengua culta en la actualidad, se desaconseje el empleo de formas como fuistes, vinistes, quisistes por considerarse reñidas con el buen uso y ser, por consiguiente, muestras patentes de desaseo verbal. Lo que no quiere decir, desde luego, que fuera así desde siempre. De hecho, los primeros años del idioma se caracterizaron por evidenciar una marcada tendencia a emplear las formas señaladas, sin que al parecer a nadie le haya dado por ruborizarse al hacerlo. La abundante documentación existente en el español medieval y en el clásico da cuenta de ello:
Que era esclava del Señor / dijo la Virgen al Ángel, / pues si de esclava nacistes, / tened por bien que os lo llamen (Vega Carpio, Lope de: Rimas Sacras); ¿Qué culpa tuvistes vos / de su entierro, siendo justo / que el que como bruto muere, / que lo entierren como a bruto? (Góngora y Argote, Luis de: Romances) ―Señor, Lorenzo Bentibolli, que allí veis, tiene una queja de vos no pequeña: dice que habrá cuatro noches que le sacastes a su hermana, la señora Cornelia, de casa de una prima suya, y que la habéis engañado y deshonrado (Cervantes Saavedra, Miguel de: “La señora Cornelia”. Novelas ejemplares)
Con todo, es de observar que no faltaron entonces quienes como Nebrija, en su jamás debidamente ponderada Gramática, aconsejaban el uso de las formas sin –s, entiéndese que por considerarlas mejores que las otras. ¿Cómo explicar, entonces, que lo tenido por normal en un determinado momento llegue a convertirse, andando el tiempo, en todo lo contrario? Sucede, simple y llanamente, lo que para nadie es un secreto en materia idiomática, que lo que antaño fue válido hoy día no solo puede llegar a ser incorrecto, sino que, para colmo y remate, puede incluso sumir en el desprestigio y la descalificación social a los incurrentes en su empleo, habida cuenta de estar estigmatizado.
Finalmente, cabe recordar que es infrecuente, aunque no imposible, la presencia de la segunda persona del singular del pretérito perfecto simple con –s en la pluma de ciertos escritores contemporáneos, muchos de ellos de innegable prestigio, que la colocan en boca de algunos de sus personajes; y no, desde luego, por flagrante negligencia ni por imperdonable desconocimiento del idioma, sino para reflejar lo más fielmente posible el habla y la idiosincrasia populares:
Tengo 17 anio y duermo en los colchone que la otra nabidad dejastes de regalo en mi casa. Te qiere mucho, la ermosa Evelina (Martínez, Tomás Eloy: Santa Evita); «Oye Bilbao, ¿tú pensastes que estaba muerto?» (Gándara, Alejandro: La media distancia); Sólo quiere la pasta. Si les sueltas la mosca, se mueven; pero si no, ni un duro… Por cierto, ¿le fuistes a ver? (Tomás García, José Luis: La otra orilla de la droga); Me lo dijistes, me lo dijistes. Y ya lo ves: martes y trece y aquí estoy, de lo más puntual (Reina, María Manuela: Alta seducción).
En cualquier caso, y aunque pueden registrarse ocasionalmente en textos literarios, tales usos no forman parte, como quedó claro, del español general contemporáneo, por ser propios de los registros informales.