…Y EL RÍO SIGUE AVANZANDO

Por: Andrés Jara Maylle

Y por fin terminó toda esta cuchipanda llamada, eufemísticamente (dependiendo de los intereses e intenciones) segunda vuelta, proceso electoral, elecciones generales, fiesta democrática, triunfo democrático, elecciones presidenciales, acto electoral, deber cívico, y etc. y etc.
Desde hace mucho tiempo no habíamos asistido a tanta fanfarria nacional. Desde el este hasta el oeste; desde el norte hasta el sur; desde el centro hacia afuera o hacia adentro; todos, de alguna manera, nos vimos involucrados voluntaria o involuntariamente en unas elecciones por demás reñidas, estrechas, desiguales e inciertas.
Imprevista e increíblemente el país se dividió en dos bandos que hasta ayer parecían irreconciliables, distantes y antagónicos (pese a su cercanía ideológica). Dos bandos que hasta hace solo una semana se debatían entre la incertidumbre, por un lado, y el triunfalismo por el otro.
Pero como estamos en este extraño país llamado Perú, “país de desconcertadas gentes”, como nos calificaba el inefable Piérola, algo (o mucho) pasó en un lapso tan breve como seis días. Y contra todo pronóstico, la agrupación liderada por el economista Pedro Pablo Kuczynski remontó sus adhesiones ubicándose a medio paso de un triunfo definitivo.
Mientras escribo esta nota, la información oficial de la ONPE al 94,2 % de actas procesadas es la siguiente: en primer lugar, PPK con 50,28% y en segundo lugar, Keiko Fujimori con 49,72 %. Es decir, 0,56 % de diferencia entre uno y otro candidato. Ello implica una distancia de 102 000 votos aproximadamente, mínimo margen que espero (y cruzo los dedos y toco madera) no se revierta a favor del fujimorismo.
Al margen de nuestras simpatías o preferencias a favor de tal o cual candidato, se ha visto que para llegar a estos resultados ha jugado un rol importante las adhesiones de última hora, especialmente de la candidata (en primera vuelta) del Frente Amplio, Verónika Mendoza quienes instó a sus camaradas marcar la opción PPK.
Esta situación sui géneris, es francamente de antología, aunque no es la primera vez que una agrupación política apoye a otra tan distante y antagónica ideológicamente. Por ejemplo, a mediados del siglo pasado, los comunistas prosoviéticos apoyaron a Manuel Prado (liberal confirmado), incluso llegaron a endilgarle el título de el Stalin Peruano. El Apra, especialista en pactos y convivencias, tranzó con su peor enemigo de entonces: Manuel A. Odría y el Odriismo. Y si seguimos revisando la historia encontraremos casos parecidos a lo sucedido en el presente.
No cabe duda pues que Kucsynski (otrora bestia negra de los izquierdosos) tiene alguna deuda con ellos. Al fin, todo se ha hecho, como ellos mismos se han encargado de difundirlo, en nombre de la libertad, la democracia y la legalidad.
Tampoco hay dudas sobre la incertidumbre que los peruanos viviremos por los siguientes días, debido al ajustado margen existente entre ambos candidatos y al lento envío de las actas que se vienen procesando en los lugares más alejados de este complicado país, geográficamente hablando.
Como se dijo líneas arriba, la gran cuchipanda electoral; ese festín y francachela en que se ha convertido los procesos electorales en los últimos lustros, por el momento, ya ha acabado. Ahora solo nos queda esperar los resultados oficiales que, esperamos, no demoren tanto.
Por ello, debemos estar atentos a los sucesos de estos días, sin perder la esperanza (algo muy difícil debido al ambiente tirante y antagónico que ha creado la especial coyuntura política). No olvidemos que Huánuco aún tiene altos índices de pobreza extrema; que sus carreteras muchas veces más parecen caminos de cabras; que la educación está por los suelos; que la corrupción, esa tragedia mayor de nuestro pueblo, ese cáncer que nos consume por dentro, esta vivita y coleando; que nosotros, los de Huánuco, como lo decía Juan Ponce Vidal, merecemos un mejor destino.
No sabemos todavía que pasará mañana. Para nosotros lo único claro es que las contaminadas aguas del Huallaga seguirá avanzando, imperturbable, gane quien gane. Y así seguirá mientras dure nuestra indiferencia, nuestra ignorancia y nuestra desidia.