La paralización del aeropuerto de Heathrow en Londres, uno de los centros de conexión aérea más importantes del mundo, generó caos global al suspenderse vuelos durante aproximadamente 16 horas. El incidente, provocado por un incendio en una subestación eléctrica cercana, no solo afectó el tráfico aéreo, sino que también puso en tela de juicio la robustez de la red eléctrica británica. Este suceso resalta la vulnerabilidad de infraestructuras críticas ante fallos energéticos, especialmente en un contexto donde la demanda de energía es cada vez mayor.
Según la investigación publicada por The New York Times, el incidente se produjo el sábado, un día después del siniestro, cuando Heathrow retomaba su actividad tras la interrupción. La policía aún investiga las causas del fuego en la subestación, situada al oeste de Londres.
Las llamas no solo dejaron a oscuras al aeropuerto, sino que también afectaron a decenas de miles de hogares circundantes. La Policía Metropolitana de Londres descartó indicios de sabotaje, y los servicios de inteligencia europeos y estadounidenses indicaron no tener motivos para sospechar de la implicación de grupos terroristas o países. No obstante, la falta de suministro eléctrico impactó de lleno en la programación de los vuelos, causando retrasos y cancelaciones que se extendieron por todo el planeta.
La interrupción del servicio generó una ola de críticas y frustración entre los pasajeros afectados y políticos británicos. Estos últimos no tardaron en cuestionar la preparación de las autoridades para afrontar una emergencia de esta magnitud. La repercusión en la economía también es significativa, considerando que Heathrow gestiona diariamente un volumen considerable de mercancías y pasajeros, clave para el comercio internacional y el turismo. En 2024, Heathrow manejó cerca de 80 millones de pasajeros, consolidándose como uno de los aeropuertos más transitados del mundo.
Toby Harris, parlamentario laborista y presidente de la Comisión Nacional de Preparación, calificó el cierre del aeropuerto como un «fracaso enorme». En declaraciones a la BBC, Harris lamentó la aparente falta de previsión en Heathrow ante un fallo eléctrico, poniendo en duda la capacidad del aeropuerto para responder a situaciones de crisis. La Comisión Nacional de Preparación es un órgano independiente que asesora al gobierno británico en materia de seguridad nacional y gestión de riesgos.
Por su parte, Thomas Woldbye, Consejero Delegado de Heathrow, defendió la respuesta del aeropuerto. Destacó la labor de los equipos de emergencia e ingenieros, cuyo esfuerzo permitió restablecer las operaciones del aeropuerto el viernes por la tarde. Subrayó que la prioridad fue garantizar la seguridad de los pasajeros y el personal, minimizando en la medida de lo posible el impacto de la interrupción. Los responsables de Heathrow han anunciado una revisión exhaustiva de los protocolos de emergencia para evitar que un incidente similar vuelva a paralizar el aeropuerto. A pesar de las disculpas, las aerolíneas han exigido compensaciones por las pérdidas ocasionadas.



