VOCERITO DE CUENTA FANTASMA

Por: Jacobo Ramirez Mays

Gracias por tu «informe revelador», mi estimado vocerito de cuenta fantasma. Pero qué raro, te faltó poner que también soy dueño de la NASA, accionista mayoritario del Arca de Noé y socio estratégico del mismísimo VAR de la FIFA. ¿Qué pasa? ¿No te alcanzó la altura para mirar bien el documento de la Contraloría y tuviste que inventar nombres al azar, como si estuvieras jugando a la rayuela?


Ya lo dije clarito: yo no soy parte de la Unidad de Admisión este año, ni compadre del rector. Pero tú, sí eres la sombra perfecta, sin luz propia, sin ideas, sin rostro.; apenas un eco triste escondido detrás de un perfil falso, creyendo que haces periodismo de altura, que dicho sea de paso es lo que más te falta y que apenas alcanzas la banca del parque. Qué miseria de valentía la tuya “publicar” sin dar la cara, como ratero que tira la piedra y esconde la mano, como sicario que dispara y huye, como extorsionador que lo hace desde la clandestinidad. Vocerito de chisme barato, tú no investigas, husmeas, tú no informas; soplas; y soplas tan bajo que el viento de tu boca llega hasta las bolas y lo único que le hace es, como decía mi tía, cuchi cuchi.


Me imagino en tu cuarto, oscurito, con un foco de 40 nomás, tipeando en la laptop tus mentiras y zalamerías y seguro soñando que eres un gran corresponsal, pero lo único que te sale son estupideces, lamidas de botas y mucho humo, muchas cortinas de humo que buscan tapar cosas gigantes. Si fueras buen chismoso algo te saldría, pero hasta para soplón eres desagradable.


Mira, antes de querer jugar a las escondidas con uno que sabe encontrar hasta a las cucarachas cuando se esconden, aprende algo básico: escribir con tu nombre. Porque mientras tú andas disfrazado en tu cuenta fantasma, yo firmo mis artículos y mis libros con nombre, apellido y hasta con mi seudónimo que es El Apóstata, si lo piden. ¿Sabes lo que es eso? Esa vaina se llama tener cojones, y no la venden en el mercado ni te la hereda tu viejo.


Y tranquilo, no me ofende lo que sueltas; al contrario, hasta me divierte, porque cada vez que lanzas un «informe revelador», se nota el hambre que tienes de que alguien te lea y mira, ya ves, aquí estoy yo leyéndote y respondiéndote. Siéntete feliz, vocerito por fin alguien te tomó en serio, aunque sea para sacarte en cara tu miseria. Pero eso sí, no te confundas; una cosa es que yo te responda y otra es que te dé veracidad; porque para mí y para muchos, tú seguirás siendo un rumor barato con foto de perfil robada y yo seguiré escribiendo con mi cara y mi firma, mientras tú sigues ladrando desde tu anonimato.

En Huánuco todos nos conocemos y todo se sabe. Te recuerdo que es un pueblo chico e infierno grande. Como dice la Biblia —que varias veces citaste mal—, lo que haces a escondidas se grita desde los tejados. Así es vocerito, yo sé quién eres y por eso te digo dos cosas: la próxima vez que pongas mi foto en tus comunicados, al menos métele buen filtro y chanca bien la imagen y cuando escribas con IA, que dicho sea de paso ya te ayuda bastante, hazlo con propiedad porque muchos saben que fuiste y eres un escribidor sin cerebro, un fantasma de cuenta falsa con más ganas de joder que neuronas para pensar.


Así que ya sabes, la próxima vez que quieras inventar, hazlo con más gracia. Y te digo que yo sigo tranquilo escribiendo mis cosas, caminando por las calles de Huánuco con la frente en alto, saludando a la gente que me conoce y que sabe quién soy. Tú, vocerito, seguirás agazapado, escondido detrás de tu anonimato.


Y no te preocupes: sigue ladrando nomás, al fin y al cabo, como decía mi abuelita: «El perro que ladra con seudónimo, ni muerde ni asusta y peor si es un pichi perro».

Las Pampas, 11 de setiembre del 2025