El ciclismo, deporte de resistencia y estrategia, se vio empañado por la interrupción de una etapa crucial de la Vuelta a España, evidenciando tensiones geopolíticas que trascendieron el ámbito deportivo. La edición de este año, marcada por la victoria virtual de Vingegaard, quedará también grabada por las protestas que afectaron el desarrollo normal de la competición. Incidentes similares se han visto en otras competiciones deportivas, donde la visibilidad de eventos masivos se utiliza como plataforma para reivindicaciones diversas.
En Becerril de la Sierra, a escasos kilómetros de la ansiada meta en la Bola del Mundo, manifestantes pro-Palestina irrumpieron en la carretera, generando un caos que puso en riesgo la seguridad de los ciclistas, según el reportaje de El País.
La protesta, enfocada en denunciar lo que consideran un genocidio israelí en la Franja de Gaza y dirigida especialmente al equipo Israel-Premier Tech, escaló rápidamente. Los activistas, portando banderas palestinas y kufiyas, bloquearon el paso tras la fuga inicial liderada por Mikel Landa, interrumpiendo la carrera. A pesar de los intentos iniciales de la policía por disuadir la protesta pacíficamente, la urgencia por evitar que el pelotón principal se viera afectado condujo a una intervención más enérgica, resultando en un enfrentamiento. Este incidente provocó la detención de varios manifestantes y la indignación de los corredores, que se vieron obligados a sortear la confusión entre golpes e insultos. La organización de la Vuelta ya había tenido que modificar el recorrido en etapas previas para evitar concentraciones similares, como ocurrió en Cercedilla, donde se realizó un recorte para eludir una manifestación propalestina masiva. La seguridad del pelotón, compuesto por ciclistas de alto rendimiento y valor económico significativo, se convirtió en una preocupación central, llegando incluso a amenazar con detener la carrera si los incidentes persistían.
El ambiente previo a la etapa ya anticipaba posibles tensiones. En Robledo de Chavela, punto de partida de la jornada, la presencia masiva de aficionados contrastaba con un fuerte despliegue policial, motivado por la cercanía de una manifestación de activistas. La vigilancia, reforzada por un incesante desfile de motocicletas de la Guardia Civil, buscaba garantizar la seguridad en un entorno potencialmente volátil. Directores deportivos expresaron su frustración ante la imposibilidad de competir con normalidad, señalando la falta de medidas efectivas para prevenir este tipo de incidentes y el temor a represalias por expresar sus opiniones, como le ocurrió a Carlos Verona. La polémica en torno al equipo Israel-Premier Tech, cuyo propietario, Sylvan Adams, es un conocido sionista, añade una capa adicional de complejidad al conflicto, generando especulaciones sobre el futuro del equipo y su posible cambio de nombre. Finalmente, la etapa concluyó con la victoria de Vingegaard en la Bola del Mundo, un logro deportivo que quedó inevitablemente eclipsado por los altercados ocurridos durante la jornada.
La última etapa en Madrid, considerada tradicionalmente un paseo triunfal, se blindó con un dispositivo de seguridad sin precedentes desde la Cumbre de la OTAN de 2022, lo que refuerza la preocupación por posibles disturbios. La organización de la Vuelta incluso modificó el recorrido, eliminando el paso por Aravaca, aunque justificó el cambio por motivos de patrocinio. El despliegue policial, con más de mil agentes de la Policía Nacional, 400 de la Guardia Civil y 800 de la Policía Municipal de Madrid, evidencia la magnitud de la amenaza y la determinación de las autoridades por garantizar la seguridad de la prueba. A pesar de los incidentes y las tensiones, el triunfo de Vingegaard prevaleció, aunque la Vuelta a España 2024 será recordada tanto por su victoria deportiva como por las controversias que la rodearon.




