La corrupción dentro de las fuerzas del orden estadounidenses vuelve a ser objeto de escrutinio. Un informe interno del Departamento de Justicia revela una conducta impropia por parte de agentes del FBI destinados en el sudeste asiático, poniendo en tela de juicio la integridad de la agencia y su compromiso en la lucha contra la explotación sexual.
Según la investigación publicada por The New York Times, agentes del FBI estacionados en el extranjero, específicamente en Camboya, Filipinas y Tailandia, mantuvieron relaciones sexuales con prostitutas entre 2009 y 2018. Este comportamiento, según el informe, ocurrió incluso mientras algunos empleados de la agencia participaban en cursos de formación destinados a combatir la trata de personas, un delito que a menudo explota a mujeres vulnerables.
El documento, que salió a la luz pública a raíz de una demanda interpuesta por The New York Times, detalla cómo empleados del FBI pagaron por servicios sexuales o los aceptaron durante encuentros sociales, tanto entre ellos como con miembros de la policía local. El informe pinta un panorama de una cultura permisiva, donde el uso de mujeres para fines sexuales era algo común.
Esta información, hasta ahora inédita, proporciona la visión más completa hasta la fecha de las acciones reprobables cometidas por agentes del FBI en el extranjero. Resuelve algunas de las interrogantes que quedaron abiertas tras un escándalo que se inició durante la administración Trump y que se mantuvo en silencio durante años mientras los abogados del gobierno se oponían a la divulgación de los detalles. Estos hechos salen a la luz justo cuando el nuevo director del FBI, Kash Patel, ha prometido reformar la agencia.
Es crucial señalar que la prostitución, si bien es una práctica extendida en Camboya, Filipinas y Tailandia, es ilegal en los tres países. El FBI, que ha priorizado la lucha contra la trata de personas, prohíbe explícitamente a sus empleados el pago por servicios sexuales. Esta inconsistencia entre la política oficial y la conducta real de los agentes plantea serias dudas sobre la efectividad de los controles internos y la cultura ética dentro de la organización.
Parte de esta actividad inapropiada tuvo lugar mientras los funcionarios se encontraban en otros países asistiendo a conferencias o eventos. En 2017, por ejemplo, funcionarios del FBI que visitaron Bangkok para un evento acudieron en dos ocasiones a bares donde negociaron la compra de servicios sexuales en compañía de la policía, según el informe. Este hecho agrava aún más la situación, implicando la posible complicidad de las autoridades locales.
Resulta especialmente irónico que, ese mismo año, la Real Policía Tailandesa coorganizó un curso de capacitación con el FBI y Homeland Security Investigations, una agencia de aplicación de la ley dentro del Departamento de Seguridad Nacional, sobre la lucha contra la trata de personas. Esta yuxtaposición de la participación en la lucha contra la trata con la conducta inapropiada de los agentes subraya la hipocresía y el desafío que enfrenta el FBI para garantizar la integridad de sus operaciones en el extranjero.



