El centro poblado de Llicua (Amarilis) atraviesa horas de angustia. Las intensas lluvias registradas en las últimas horas en la provincia de Huánuco, han encendido nuevamente las alarmas entre los vecinos, quienes temen una posible reactivación de la quebrada Angorragra, un punto históricamente asociado a huaicos y deslizamientos.
Según los pobladores, la parte alta de Llicua se habría convertido en una “bomba de tiempo”, debido a que la quebrada estaría colapsada por acumulación de tierra y piedra, situación que se agravaría con las precipitaciones de la temporada. Los vecinos señalaron que viven una “pesadilla” y que el temor se intensifica cada vez que se registran lluvias prolongadas.
Los moradores sostuvieron además que, de ocurrir una tragedia, responsabilizarían directamente al Gobierno Regional de Huánuco, debido a que consideran que no se habrían tomado acciones efectivas para evitar el riesgo, pese a que la zona ya cuenta con antecedentes graves.
Los vecinos afirmaron que serían más de 20 mil pobladores los expuestos al peligro ante una eventual activación de la quebrada. De acuerdo con su versión, la obra ejecutada para la defensa ribereña y muros de contención, iniciada hace tres años, no solo no habría concluido, sino que estaría atravesando cuestionamientos técnicos y fallas que aumentarían el riesgo en lugar de mitigarlo.
Los testimonios recabados sostienen que el proyecto —que tenía como objetivo proteger a la población— se habría convertido en un foco de incertidumbre y preocupación permanente. “Negligencia que pone vidas en peligro”, expresaron con indignación los moradores, quienes consideran que no existiría un compromiso real por parte de las autoridades para atender la emergencia.
En medio de la tensión, los moradores denunciaron que la obra se encontraría paralizada desde el mes de diciembre, lo que —según afirmaron— evidencia abandono e indiferencia en plena temporada de lluvias. Indicaron que las visitas de funcionarios a la parte alta de Llicua no habrían generado soluciones concretas, y cuestionaron que solo se realizarían recorridos “para tomarse fotos”, sin ejecutar trabajos urgentes como la descolmatación.
Asimismo, señalaron que la obra no tendría fecha clara de culminación y que existirían acuerdos previos con la población que no habrían sido respetados. Según indicaron, incluso se habría debilitado parte de los cerros durante la ejecución, aumentando la vulnerabilidad de las zonas bajas.
Los pobladores también señalaron directamente al Consorcio Llicua como parte de los responsables, al considerar que no se habría realizado la limpieza ni el retiro del material acumulado, pese a reiteradas advertencias y pedidos de la comunidad.
“Estamos cansados de la inacción”, expresaron. Aseguraron que el riesgo es visible y que la quebrada mantiene sedimentos que podrían arrastrarse con fuerza si se presenta una lluvia de mayor intensidad.
El temor no es solo preventivo. Los moradores recordaron con dolor que en años recientes la zona ya ha registrado tragedias vinculadas a huaicos y desbordes, señalando como antecedente la muerte de una menor de edad, arrastrada por un alud, hecho que —según manifestaron— marcó para siempre a la comunidad.




