Por Jacobo Ramirez Mayz
El 13 de junio de 1923, a los 31 años de su edad, César Vallejo, en el puerto del Callao, se sube a un barco, da la espalda a este país de mierda, y parte a un lugar de la Mancha de cuyo nombre nadie se quiere acordar. Camina solitario por la proa del barco, una lágrima surca su rostro curtido y dice: «Me moriré en París…»
El barco parte, se siente más solo que nunca y su cerebro de genio recuerda su infancia en Santiago de Chuco junto a Francisco de Paula Vallejo Benites y María de los Santos Mendoza Gurrionero, sus padres, y contemplando por un lado el país que abandona y por otro algo incierto recita en silencio: Mi padre duerme. Su semblante augusto/ figura un apacible corazón;/ y continúa. Y mi madre pasea allá en los huertos/ saboreando un sabor ya sin sabor… son dos viejos caminos blancos, curvos./ Por ellos va mi corazón a pie.
Circula también por su memoria de elefante el nombre de cada uno de sus once hermanos; recuerda a Miguel y le dice: ¡Hermano, hoy estoy en el poyo de la casa, / donde nos haces una falta sin fondo! Se apoya en la baranda del barco, contempla el agua, siente el viento en su rostro, prende un cigarrillo y, mientras el humo se pierde en la inmensidad del mar, recuerda su estadía en la ciudad de Trujillo, entre los años 1913 y 1917. Recuerda a Víctor Raúl Haya de la Torre, Antenor Orrego, Alcides Spelucín. Con quienes participó en veladas que transcurrían en medio de lecturas, comentarios de nuevos libros, conferencias, recitaciones poéticas. A quienes les escribiría una carta que al final decía: «¿Y ustedes? ¡Cómo me desespero por aquel ambiente fraternal y único de nuestras horas pasadas! Créanme, hermanos, que los lloro a cada rato». Recordando su vida desordenada junto a sus amigos, recita: Siento a Dios que camina tan en mí, con la tarde y con el mar. Con él nos vamos juntos. Anochece. Con él anochecemos. Orfandad…
Se acomoda en un espacio solitario como su vida y recuerda Zoila Rosa Cuadra Ugarte, la denominada “Mirtho”, quien provocó el fracasado suicidio de Vallejo al no lograr salir la única bala del revólver que este puso en su lúcida sien; a María Rosa Sandoval Bustamante, para quien escribió “Los Dados Eternos”. Rita Uceda, Martina Gordillo Peláez, Rosa Benítez Ruiz y Rita Gamboa Vallejo iluminan sus ojos y solo él sabe a quién le dedicó esos versos de la andina dulce Rita de junco y capulí. Luego recuerda a Hermelinda Melly, a Natalia Murgía y a Otilia, sin imaginar que en Europa conquistaría también a Henrritte Maisse con quien convivió por muchos meses en una vieja habitación del hotel de la calle Molierre, y finalmente a la quinceañera cuyo serpentear y requiebros en su andar atrajeron la inquietud del poeta, nos referimos a Georgette Philipart. Amó a todas y también fue amado pasionalmente por todas ellas.
Vallejo sonríe recordando sus amores furtivos y, en medio del frío de alta mar recuerda su viaje a fines de mayo de 1911 a Cerro de Pasco; permanece unos días en esa ciudad y luego emprende su viaje hacia Acobamba. Sin antes, sintiendo el frío de la ciudad más alta del mundo, escribir: Cruza el tren la estéril puna / que ya la noche amortaja / y la lluvia lenta baja /con tristísimo rumor.
Acompañado por arrieros de mulas, transita por diferentes parajes de este territorio. Rancas, Huayllacancha, Tawarmayu, entre otros. Ingresa a la cuenca del Chaupiwaranqa, y luego lllega a Parcoy para finalmente arribar a Acobamba. Allí entra en relación con el acaudalado minero, hacendado y político, Domingo Sotil, más conocido como El Sordo. Este poseía latifundios en la quebrada del río Huertas, de la provincia de Ambo. Su familia residía permanentemente en la hacienda Acobamba, ubicada entonces en la provincia de Pasco, en las inmediaciones de la comunidad de Mosca. Fue, pues, esa la hacienda en la cual se instala, como profesor de Francisco y Leoncio Sotil Woolcott, los hijos mayores del hacendado.
Vallejo sonríe y agradece haber estado ahí, porque gracias al profesor de música que tenían los jóvenes, aprendió italiano y, en conversaciones con el cocinero de la familia, que era francés, aprendió parte del idioma que le serviría para vivir en el país donde moriría con aguacero.
Las Pampas, 20 de julio de 2023




