¿Vacas sagradas?

Recientemente, los congresistas han aprobado la construcción de un policlínico exclusivo para ellos y sus colaboradores más cercanos, dejando a un lado a la mayoría de los ciudadanos que deben acudir a los hospitales públicos o a EsSalud para recibir atención médica. 

Este acto pone en evidencia una marcada diferencia que existe entre la clase política y el resto de la población.  

Es muy probable que estos señores se sientan con derecho de que ellos deban recibir un mejor trato y servicio, por el hecho de ser congresistas, aun cuando su trabajo sea totalmente deficiente y sin trascendencia en la ciudadanía.     

Simplemente, a los congresistas no les interesa que el pueblo, a quien dicen representar, los detesten y no les tengan ningún ápice de respeto.

La primera y única vez que han demostrado unión entre ellos fue cuando se sintieron amenazados de perder su posición privilegiada ante el intento de golpe de estado proclamado por Pedro Castillo. 

Lo que deberían de tener en claro estos congresistas es que son servidores públicos como cualquier otro empleado del Estado, y deberían tener los mismos derechos y obligaciones que el resto de los ciudadanos. 

En lugar de contar con instalaciones médicas exclusivas podrían optar por atenderse en hospitales de EsSalud, o incluso adquirir un seguro privado si sus ingresos lo permiten.

Esta situación lleva una vez más a cuestionar hasta qué punto se está abusando del poder y de los recursos públicos en beneficio propio. 

En otros países es común que los legisladores y representantes políticos opten por seguros médicos privados, evitando así la utilización de fondos estatales para la construcción de clínicas y hospitales exclusivos.

Mientras tanto, gran parte de la población enfrenta condiciones precarias en los hospitales públicos, con falta de insumos, personal médico insuficiente y largas listas de espera. La construcción de un policlínico exclusivo para congresistas solo agrava la percepción de desigualdad y descontento social.

Es necesario que los representantes políticos asuman una postura más solidaria y comprometida con la realidad de la mayoría de los ciudadanos. 

Los recursos públicos deben destinarse a mejorar la atención médica para todos, en lugar de privilegiar a unos pocos. Ya es hora de poner fin a los abusos y exigir un trato equitativo en el acceso a la atención médica de calidad.