A medida que la noche cae sobre Huánuco, la inseguridad en nuestras calles se torna palpable. A pesar de la reciente adquisición de vehículos anunciada por el gobernador, en un esfuerzo por reforzar la Policía Nacional, la realidad es que la delincuencia sigue ganando terreno. Calles estrechas y oscuras, patrulleros ausentes y una falta alarmante de presencia policial constituyen el escenario propicio para actividades ilícitas. Curiosamente, ni siquiera la casa del alcalde cuenta con vigilancia. Este escenario pone en cuestión la efectividad de las medidas anunciadas y exige un replanteamiento integral de la estrategia de seguridad en nuestra ciudad y región.
Un aspecto especialmente preocupante es el congestionamiento vehicular, exacerbado por el incremento del parque automotor y la falta de regulación de transportes. Esto no solo afecta nuestra calidad de vida, sino que también se convierte en un factor que facilita la delincuencia. Vehículos estacionados de manera irregular y trimóviles que circulan posiblemente alquilados para actividades delictivas obstruyen el tráfico, complican la movilidad y, lo que es peor, ofrecen oportunidades para delinquir.
El Coronel Gallardo, jefe de la Región Policial de Huánuco, ha prometido hacer todo lo posible para mejorar la seguridad. Sin embargo, sus palabras chocan con la realidad: la presencia policial en las calles es escasa o nula. Más allá de las promesas y anuncios, lo que necesitamos son acciones efectivas y coordinadas entre todas las autoridades pertinentes, incluyendo el Ministerio Público y el Poder Judicial.
No podemos subestimar la importancia de la labor del serenazgo y las autoridades de transporte en este contexto. El desorden y la informalidad en el transporte público no solo afectan la fluidez del tráfico, sino que también son un reflejo del estado de la seguridad en nuestra ciudad. La falta de control sobre vehículos no autorizados que circulan por las calles es un problema que se suma a la lista de preocupaciones en materia de seguridad.
Invocamos a todas las autoridades, especialmente a la Policía Nacional, a realizar un esfuerzo sobrehumano para enfrentar esta situación. Aunque entendemos que los recursos pueden ser limitados, la seguridad ciudadana no puede ser una promesa vacía. Es imperativo redoblar esfuerzos y colaborar interinstitucionalmente para ofrecer a los ciudadanos de Huánuco la tranquilidad que merecen y que alguna vez fue característica de nuestra ciudad.
En un momento donde la inseguridad se siente en cada esquina, cada autoridad tiene un papel crucial que desempeñar. No podemos darnos el lujo de esperar hasta que la situación sea irremediable. La seguridad es una responsabilidad compartida y, como tal, exige un compromiso firme y acciones concretas por parte de todos.




