A puertas de una nueva Semana Santa, el monseñor Oswaldo Rodríguez ha ofrecido una reflexión oportuna y profunda que interpela tanto a los fieles como a toda la sociedad huanuqueña. En su reciente homilía, monseñor hizo un llamado claro: que esta Semana Santa sea vivida desde el recogimiento espiritual, la oración sincera y la unión entre todos los ciudadanos del valle de Huánuco.
En un escenario nacional marcado por divisiones, enfrentamientos políticos y pérdida de valores, sus palabras invitan a mirar más allá de las disputas ideológicas o intereses particulares. “Esta Semana Santa debe ser un tiempo de perdón, tradición y, sobre todo, de unidad”, expresó con firmeza el monseñor, instando a todos los creyentes a rechazar las confrontaciones, especialmente ante la cercanía de las elecciones, y a caminar hacia una sociedad reconciliada.
Rodríguez subrayó que la Semana Santa no puede reducirse a actos formales o rituales externos. Cada día de esta celebración encierra un profundo significado espiritual, desde el ingreso de Jesús a Jerusalén en el Domingo de Ramos hasta su crucifixión, muerte y resurrección. Estos momentos deben ser vividos con el corazón abierto, con una actitud de renovación interior y con un compromiso activo con los valores del Evangelio.
El monseñor también advirtió sobre la influencia de sectores que tergiversan o relativizan el mensaje cristiano. Frente a ello, reafirmó que Dios está presente en cada oración y en cada acto de fe sincero. En un contexto donde la desconfianza y la polarización crecen, Rodríguez propuso el camino de la fe como antídoto contra la fragmentación social. “Estamos en manos de Dios”, recordó, subrayando que solo desde el amor y el respeto mutuo se puede construir una comunidad sólida y esperanzadora.
Finalmente, el monseñor apeló a la conciencia colectiva: a los habitantes de las ciudades, distritos y provincias de Huánuco, los animó a mantenerse unidos, a vivir con paz en el corazón, a superar las diferencias y a reencontrarse en los valores comunes. Solo así, dijo, podremos dar testimonio de un cristianismo auténtico y transformar nuestra realidad.
Que esta Semana Santa no pase desapercibida. Que sea una oportunidad real para renovar nuestra fe, sanar nuestras divisiones y comprometernos con una convivencia más justa, fraterna y profundamente humana.




