UNA REFLEXIÓN SOBRE EL DOCENTE UNIVERSITARIO EN SU DIA

Denesy Palacios Jiménez (*)

La revista Quehacer número 3 nos alcanza información sobre las universidades peruanas, y nos dice: “Se cumplen cinco años de la promulgación de la última ley universitaria, definida como una reforma del sistema de educación superior en el Perú. Los términos del debate público aparecen dominados por las nociones de calidad y supervisión, y se tiene como personaje principal de la argumentación creada para legitimar la reforma, a la Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria (Sunedu), enfrentada tanto a una serie estereotipada de universidades “bamba” o “estafa”, que incumplen estándares de calidad, como a un grupo de universidades “negocio” que tienen en el corazón de su funcionamiento el lucro antes que el servicio educativo. Y donde además no tiene lugar la reflexión sobre el proyecto de sociedad en el que se enmarca la reforma, las necesidades de la estructura económica del país, las expectativas y derechos de los estudiantes o la complejidad actual del mercado de trabajo. No se discute la prioridad del sistema público sobre el privado, la naturaleza del servicio educativo, menos aún los intereses del conjunto de actores sociales proyectados sobre la formación superior, desde los empresarios nacionales hasta las familias que invierten en la educación de las nuevas generaciones”.

La universidad peruana no es una isla, sino que es el reflejo de lo que vivimos en la sociedad, por eso como dice Beltrán (1996): “La universidad tiene solo dos alternativas o se renueva profundamente o cae definitivamente en la obsolescencia, pues de nada servirá que sigan existiendo instituciones que usen el nombre de universidad sin serlo”.

Quiero saludar a los docentes valdizanos muy especialmente, porque este 11 de julio es el Día del Docente Universitario Peruano, y los invito a que reflexionemos y seamos conscientes de que para renovarse es necesario tener mentalidad innovadora y que innovación es la actitud, la voluntad de reconsiderar procesos educativos en un momento histórico, como el que estamos viviendo.

Se requiere con urgencia tomar nuevos rumbos, velar porque nuestra institución educativa superior universitaria valdizana, sea efectivamente el alma mater de la educación superior universitaria en la región centro oriental. Ya hemos visto, cómo antojadizamente ha sido utilizada como soporte político, creando sedes que no estaban autorizadas por la Sunedu, y hoy sufrimos las consecuencias. La acreditación de nuestras carreras profesionales, no solo significa cumplir con rellenar los formatos, al igual que el licenciamiento, no solo significa contar con una infraestructura que si sirve para brindarnos facilidades en el proceso de enseñanza aprendizaje; pero es necesario tomar conciencia que la calidad educativa va mucho más allá. Desde la administración y gestión hasta propiciar la disposición para indagar, descubrir, reflexionar, criticar y fundamentalmente, cambiar.

Basta de panacas (grupos de familia) en el gobierno, solo para enriquecerse, sin preocuparse efectivamente por la institucionalidad, la gobernabilidad, la democracia, la investigación y el servicio que debe brindar a la sociedad, para enrumbar nuestra nación hacia un futuro más prometedor con desarrollo sostenible.

Por eso se requiere de un currículum que exprese la intencionalidad del cambio, considerando los perfiles profesionales que requieren nuestro país y nuestra región. Se tiene que ver en esta situación, de ola de violencia doméstica, ola de corrupción, etc., un equilibrio en la formación entre el desarrollo personal y el desarrollo profesional, entre la teoría y la práctica, entre la docencia y la investigación, la cual debe ser desde formativa hasta científica. Dejemos las improvisaciones, los apetitos personales, las taras y prejuicios, y toda una estela de cosas que riñen no solo con la ética, sino con el desarrollo de nuestros pueblos.

Demandamos que nos gobiernen aquellos que tienen producción científica, capacidad de gestión, que sean representantes honorables, que nos sirvan de paradigma, para despertar el sueño de nuestros jóvenes estudiantes de ser los mejores.