Una ofensa al Perú

Las vergonzosas declaraciones llenas de odio y resentimiento del canciller Héctor Béjar, solo aumentan la inestabilidad política, social y económica del país. Sus frases, las cuales consideramos desafortunadas, parecen guardadas como un gran tesoro en su corazón desde que fue guerrillero y estuvo en prisión por sedición, hasta que fue amnistiado. Aparentemente, para él, su ideología de resentimiento es más importante que cualquier cosa. 

Béjar, cínicamente, indicó que la Marina de Guerra del Perú inició la guerra terrorista en el país con el apoyo de la CIA norteamericana. Palabras que son una enorme ofensa al país y a todos los peruanos que han estado involucrados y se han visto afectados de alguna manera en esta guerra que cobró la vida de más de 70 mil personas. 

Tristemente, Béjar carece de toda capacidad moral para asumir un cargo tan alto y de tamaña responsabilidad para representar al país. Es inexplicable que el presidente Castillo lo haya considerado para tal rol.  

Después de tres días de escándalo mayor, Béjar renunció ayer por la tarde. Tras su renuncia, escribió por sus redes, “por fin libre”. Si es que nunca estuvo calificado para ese rol, en primer lugar, nunca debió de haber aceptado, y menos Castillo proponerlo.

Si bien es cierto que la pandemia es la mayor amenaza que sufre nuestro país y el mundo, es inaceptable que estemos viviendo una crisis política tan grande que parece en algunos momentos ser más álgida que la misma pandemia.

Cada incidente político solo acrecienta la desconfianza social y del país. El dólar no baja de los 4.08 soles desde hace dos semanas y por el contrario, tiende a subir.

La designación y posterior renuncia de Béjar es un muy mal precedente para este gobierno. Nos preguntamos si se busca unir o dividir a los peruanos. Es cierto que Castillo dijo algo sobre esto en su mensaje del 28 de julio, pero parece estar haciendo todo lo opuesto. 

Este pueblo, como usted lo llama, no necesita más división, todo lo contrario. En sus manos está el poder de cambiar la historia para bien, pero también para mal. Lo último ya lo hemos visto y seguimos viendo constantemente, todos estamos cansados de la incapacidad y corrupción de las autoridades. Basta de odio, divisiones, enfrentamientos y derramamiento de sangre.