Una mirada crítica a la crisis de salud en Pachitea

Por décadas, la provincia de Pachitea ha enfrentado una crisis de salud pública alarmante que ha persistido durante años, dejando a su población sumida en el abandono y la desesperación. Si bien es cierto que el trabajo actual de la Red de Salud de la zona ha generado un cambio positivo en el alcance de la salud a la población, aun existe mucho por hacer. 

La falta de profesionales médicos y enfermeras capacitadas, ha provocado un impacto devastador en la calidad de vida de los residentes, especialmente en las zonas rurales más alejadas.

Uno de los principales desafíos que enfrenta Pachitea es el éxodo constante de médicos y enfermeras. A pesar de ser nombrados o designados en la provincia, estos profesionales solicitan su reasignación y traslado en cuestión de meses, abandonando a la población a su suerte. Esta situación ha perpetuado un ciclo vicioso de escasez de personal médico, dejando a los centros de salud sin la capacidad para brindar una atención adecuada.

La falta de atención médica profesional ha tenido consecuencias trágicas, especialmente en el ámbito de la salud materno-infantil. Un número alarmante de mujeres pierden la vida durante el parto debido a la ausencia de ginecólogos y personal capacitado. En las zonas rurales más remotas, las comadronas se han convertido en el único recurso disponible, luchando contra viento y marea para salvar vidas en condiciones precarias.

En medio de esta crisis, el director de la red de salud, Wilmer Espinoza, ha asumido el compromiso de mejorar el sistema de salud en la provincia. Su objetivo es ambicioso pero necesario: construir hospitales y fortalecer la infraestructura médica en los distritos, donde actualmente solo existen centros de salud con personal técnico limitado.

Además, Espinoza ha anunciado la adquisición de 10 ambulancias operativas para facilitar el traslado de pacientes al hospital regional. Este es un paso importante, pero aún queda un largo camino por recorrer.

Además, es fundamental abordar las condiciones precarias en las que se encuentran las escuelas más alejadas, donde los niños y los docentes enfrentan desafíos diarios. El director de educación debe visitar estas zonas y trabajar en conjunto con las autoridades para mejorar la infraestructura y los recursos educativos.