Congreso evaluará una segunda denuncia constitucional contra Héctor Becerril

Una crisis más

Escrito por: Marcos Cancho Peña

Las cestas están repletas. Pero esto es Perú, no Israel. Aquí no se multiplican los panes y peces, se multiplican las crisis. El último jueves, Édgar Alarcón, presidente de la Comisión de Fiscalización del Congreso, presentó tres audios donde se escucha al presidente Martín Vizcarra coordinar junto a sus asesores la estrategia de defensa que tendría en el caso “Richard Swing”. Poco después de la revelación, el presidente brindó un mensaje a la nación en el que negaba rotundamente haber cometido cualquier ilegalidad. A la crisis sanitaria y económica se le suma la crisis política. Ahora se habla de vacancia, además de las muertes por COVID-19 y el desempleo.

La corrupción debe ser castigada, pero no olvidemos el contexto en el que estamos. Si se vaca a Martín Vizcarra, habría desestabilidad en el país. Si el presidente es culpable, debe pagar, pero culminando su mandato. Vayamos más allá. El Congreso busca la vacancia de Vizcarra por la causal de “incapacidad moral permanente”, registrada en el inciso 2 del artículo 113 de la Constitución. La interpretación de “incapacidad moral” es, históricamente, asociada con la capacidad mental. Aunque Martín Vizcarra haya cometido un delito y este haya sido expuesto en los audios grabados, no se le puede llamar “incapaz moral”. La historia lo dice así.

Alguna vez, el filósofo francés Joseph de Maistre dijo: “Cada pueblo o nación tiene el gobierno que merece”. El Perú está en aprietos -y casi siempre lo ha estado- por los gobernantes que escogió. Urge que para las próximas elecciones analicemos concienzudamente a los candidatos antes de emitir el voto. Por un momento, debemos olvidar las propuestas y centrarnos en las hojas de vida. Es en ellas donde se verán reflejados los verdaderos rostros de los postulantes, no las caretas que alquilan en cada proceso electoral. Las propuestas son un azar. El pasado no engaña. Si nos atreviéramos a escudriñar sus colmillos manchados de sangre, no confiaríamos en el lobo vestido de cordero.