Un sacrificio que merece soluciones dignas

En el Perú, un país donde la educación sigue siendo uno de los sectores más olvidados, vivimos escenas que reflejan la precariedad del sistema. En Huánuco, grupos padres y madres estan pasando dos noches a la intemperie, soportando el frío y la llovizna, con la esperanza de conseguir una vacante en el nivel inicial para sus hijos. Esta situación, que debería indignar a las autoridades y a toda la sociedad, pone de manifiesto la necesidad urgente de mejorar la gestión educativa.

Es admirable el esfuerzo de estos padres, quienes están dispuestos a cualquier sacrificio por el futuro de sus hijos. Sin embargo, es inaceptable que, en pleno siglo XXI, sigamos recurriendo a métodos arcaicos para la asignación de cupos escolares. En una era donde las herramientas digitales están al alcance, resulta inconcebible que las familias tengan que acampar fuera de las instituciones educativas para asegurar la educación de sus niños.

Existen alternativas claras y viables para evitar estas escenas de sufrimiento. Por ejemplo, implementar un sistema digital de inscripción que permita a los padres registrar a sus hijos desde sus hogares, eliminando la necesidad de filas interminables. Si la tecnología no está disponible en ciertas localidades, una solución tan simple como la entrega de tickets numerados con horarios específicos para ser atendidos evitaría que los padres pasen noches enteras en condiciones insalubres.

Además, las autoridades educativas, desde la Dirección Regional de Educación hasta los directores de los centros, deben mostrar empatía y humanidad. Las instituciones con espacios amplios podrían habilitar salones o patios para recibir a los padres mientras esperan, brindándoles un ambiente seguro y digno.

La situación actual no solo refleja un sistema educativo desfasado, sino también la falta de planificación y sensibilidad de quienes tienen la responsabilidad de gestionarlo. Es hora de que el Ministerio de Educación y las autoridades locales adopten medidas para evitar que estas escenas se repitan cada año. La educación es un derecho, no una lucha diaria por sobrevivir a la indiferencia del sistema.

Los padres de familia están haciendo su parte con sacrificio y valentía. Ahora es el turno de las autoridades de actuar y garantizar que ningún niño quede fuera del sistema educativo por falta de gestión o voluntad