Por: Arlindo Luciano Guillermo
No es lo mismo estrategia de “autoayuda” o “terapia psicológica” que “filosofía estoica”. Mientras campee la angustia personal, el alboroto emocional, las ganas de no seguir viviendo y el deseo de vivir feliz, el estoicismo es una vía transitable. El día que el silencio sea sabio, entonces lo que venga de fuera no afectará nuestra tranquilidad espiritual y emocional. El éxito se mide por grados académicos -es meritocracia y libre mercado-, la acumulación de cuentas bancarias, bienes materiales y poder económico y político. Hace poco un docente, que trabaja 60 horas semanales de 45 minutos, estalló en estrés crónico y vitíligo; un próspero empresario empotró violentamente su moderna camioneta en un restorán porque no pudo resolver el problema con el diálogo y la razón. Hoy pareciera que la salud física y mental importa menos que el deseo de ganar más dinero. ¿Qué hay del éxito personal y la paz espiritual? El poder, como el dinero, si no hay madurez emocional, desquicia, enloquece, embrutece, convierte en energúmeno a quien lo posee. Para tener poder, vivir en pobreza y gozar de fama hay que prepararse emocionalmente. Vivimos como si fuéramos inmortales. Hay más concurrencia a un centro comercial que a un lugar de meditación, reposo y retiro. Escuchamos ruido estridente antes que Mozart, Chopin, Beethoven. Kitaro o jazz. Somos esclavos del celular y de las redes sociales. Un patio de comida tiene más visitantes que una librería o una tienda de medicina y comestibles naturales. Se ve el maquillaje, pero no qué hay detrás del rostro. Los principios y valores éticos son vulnerables. ¿Qué hacer frente a este contexto poco optimista? Porque algo hay que hacer.
La filosofía ha planteado preguntas milenarias: ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿hacia dónde vamos? ¿Cuál es nuestra misión en el tiempo que vamos a vivir en la Tierra? ¿Acumular riquezas? ¿Bienes? ¿La felicidad? La responsabilidad de nuestros actos es intransferible. Los bienes materiales, la felicidad y la paz interior no son incompatibles. El cambio climático, la indecencia en la política, la normalización de la violencia doméstica y social y las fobias fragmentan a la sociedad, pero la respuesta está ausente. En cualquier librería, se ven en stock libros de Séneca, Epicteto y Marco Aurelio; en Internet se pueden conseguir en PDF. Su lectura despierta interés. La promesa de los políticos es demagogia y de coyuntura electoral. ¡Pan, circo, voto, poder! El cambio real es el del ciudadano. Ser puntual, responsable, pensar antes de tomar decisiones sensatas, pagar las deudas e impuestos, acercarse a la integridad, moderación en el gasto, compras necesarias, menos narcisismo en las redes sociales son actos concretos. Serenidad no es inercia ni inmovilidad. Dice Marco Aurelio: “No te dejes mover como una marioneta por un impulso insociable ni te quejes de lo destinado para el presente ni temas lo que traiga el futuro”. La clave del estoicismo es vivir el presente; el pasado no se puede arreglar. Un youtuber tiene más acogida y seguidores que Massimo Pigliucci, Sócrates, Dalai Lama o Séneca. La filosofía no es para los que se pasan el día pensando y reflexionando, sin hablar, imperturbables, sobre la vida y el mundo, mientras florecen perniciosos el feminicidio, robos y asaltos en la calle, relaciones conyugales y laborales tóxicas, xenofobia, abuso sexual, la política convertida en negocio antes que un servicio público. La filosofía es acción y transformación del pensamiento, de la vida, de la sociedad. Después de Cristo, Epicteto, Descartes o Nietzsche, la visión del ciudadano nunca fue la misma. Un estoico ha entendido que es mejor mirarse a sí mismo, que mirar -no ignorar- la realidad real y no depender de la aprobación y aprecio de los demás. Para un estoico las responsabilidades y decisiones son personales.
¿Cómo practicar la filosofía estoica en una sociedad donde predomina la ley de la jungla, los versos del poema Verdades amargas o Reír llorando se confirman a diario, lobos devorando ovejas, ser correcto es un pecado? Massimo Pigliucci, autor de ¿Cómo ser un estoico?, dice que, para vivir en paz y bien, se deben reducir las emociones negativas (disruptivas: odio, ira, crítica malsana, envidia) y positivas (constructivas: justicia, tolerancia, amor, empatía). ¿Por qué retorna el estoicismo? Hay una crisis moral y social en el mundo, sentimos que es necesario mirarse a sí mismo y prosperidad de la terapia cognitivo-conductual. El estoicismo se basa en la práctica coherente de cuatro virtudes: sabiduría, valor, justicia y templanza. Un ciudadano no se equivoca por ignorancia (falta de conocimiento), sino por carencia de sabiduría o decisión correcta. Sócrates hace dudar, saca del interlocutor la verdad a través de la mayéutica, nunca dejamos de aprender –“Solo sé que nada sé”-; el estoico, con sabiduría, toma una posición responsable frente a la realidad y a sí mismo. Pigliucci propone algunas estrategias estoicas. 1. Practicar ciertas privaciones. “Pasear por el supermercado, ver todo, pero no comprar”, excepto lo necesario. 2. Antes de dormir hazte tres preguntas: ¿qué hice mal hoy?, ¿qué hice bien?, ¿qué podría haber hecho de otra manera? 3. Ver las cosas en perspectiva, desde arriba. “No se acaba el mundo cuando un amor se va”; si alguien te exige en el trabajo, agradece que tienes empleo. 4. Recuerda siempre que morirás. La vejez es inevitable. Peter Pan es una ficción. Epicteto decía: “Tienes dinero, qué vas a hacer con él”. La fama, el poder político y la riqueza son pasajeros. No es fácil ser estoico ni ejemplar cristiano. Dar limosna en la misa no es filantropía. Para un estoico, las redes sociales son instrumentos para comunicarse, leer información o conectarse con amigos y familiares. La razón es fundamental en la práctica estoica.
El estoicismo es filosofía de vida, no exige ser blanco como la nieve ni anacoreta o misántropo. Ser estoico es una decisión. Hay cientos de modos para ser felices y gozar de bienestar. Diógenes vivió dentro de un barril, los monjes tibetanos se dedican a la meditación. La clave del estoicismo es la virtud, la razón, la resiliencia, el control emocional, el conocimiento de sí mismo, el silencio antes que la respuesta iracunda, el desapego de las cosas materiales. Un estoico no vive en la pobreza. Epicteto fue maestro de filosofía; Séneca, sabio, de grandes riquezas y prestigio, preceptor de Nerón, murió cortándose las venas; Marco Aurelio, conquistador de territorios, político, emperador de Roma, detractor de gladiadores y vanidades del poder. Yo no soy estoico, pero simpatizo con la postura de mirarse hacia el interior y proteger la serenidad. Everyday Stoic es un canal de YouTube con más de 400 mil suscriptores. El 27 de octubre empieza la Semana Estoica 2025, reunión global en línea desde 2012. “La ética estoica (…) propone defender y cultivar unas virtudes que nos ayudan a vivir mejor, como la justicia, la sabiduría y el control de nuestros deseos”, dice Jaime Rubio Jancock (El País, 11-1-2025). Antes que el bienestar material, la salud mental y emocional es una urgencia impostergable.




