UN BUEN PERDEDOR

Escrito por: Arlindo Luciano Guillermo

Argentina con Messi ganó por un gol al Brasil de Neymar en la reciente Copa América en el mismísimo Maracaná, la meca del fútbol carioca. ¿Messi es enemigo de Neymar? ¿Hay alguna duda o pruebas que demuestren que Argentina campeonó con trampas, fraude, soborno, favoritismo y fallas del VAR? ¿Neymar hizo pataletas porque no campeonó y desconoce que la Copa América la ganó Argentina? ¿Los dirigentes del fútbol brasileño han apelado con presunciones y pruebas deleznables a instancias supranacionales del fútbol profesional (Conmebol o FIFA, por ejemplo) para deslegitimar, desacreditar y desconocer el triunfo argentino? Nada de eso ha ocurrido porque hubo un gol a favor de Argentina. Messi levantó la copa y asunto terminado. No hay discusión. En eventos políticos, como las elecciones, también se gana o se pierde; el que gana tiene respaldo del pueblo sufragante, el que pierde tiene que reconocer que no tuvo los votos suficientes. Así es la democracia: el pueblo decide a sus gobernantes en las ánforas; si hay fraude, entonces se presentan pruebas tangibles, demostrables, claras y contundentes. Así como en el fútbol hay tiempo suplementario y penales para definir quién gana, en las elecciones hay primera y segunda vueltas, donde se gana o se pierde. Messi y Neymar Jr., después del partido final, se abrazaron en señal de fraternidad, de mutuo aprecio y reconocimiento del triunfador y del digno subcampeón. Cuando públicamente el JNE proclame presidente de la república del bicentenario al profesor Pedro Castillo Terrones, ¿Keiko Fujimori irá a felicitarlo y desearle apoyo y lo mejor en el gobierno de 5 años? Ese gesto demostraría grandeza moral y don de gente que reconoce hidalgamente la victoria del contrincante.    

   

La canción Un buen perdedor, de Franco de Vita, tiene 4 ejes temáticos donde el perder es una actitud admirable de desapego y dejar que a quien se va, no se le puede retener.   

La partida y el alejamiento del interlocutor femenino son inminentes. La “voz del relator” dice que no la detendrá, pero antes la escuchará. Entonces aparece la causa de la ruptura sentimental: “Y si él supo darte más amor  /  supo llenarte más que yo  /  claro que sé perder”. La relación sentimental se acabó, no hay discusión; a nadie se le puede obligar a amar a otro cuando no lo siente. Si me quieres déjame ir, “amigos simplemente amigos” si hay madurez o a “rey muerto, rey puesto”; sin rencores, sin que un clavo saca a otro clavo o si no eres mía no eres de nadie. Como en el fútbol y la política también hay que saber ganar y perder con dignidad. Estos versos resumen la tercera idea fuerza: “Claro que sé perder  /  no será la primera vez. / Hoy te vas tú   /  mañana me iré yo.  /  Seré un buen perdedor  /  el mundo no cambiará  /  alguien sin duda ocupe tu lugar”. Y, finalmente, a modo de moraleja, Franco de Vita dice: “Y si el viento hoy sopla a tu favor  /  yo no te guardaré rencor”. Esto, en la vida cotidiana, donde abunda la imperfección es (debe ser) difícil de asumir: desear, sin hipocresía ni instintos subalternos, el bien, “todo lo mejor”, a quien te gana una contienda o un partido de fútbol en el último minuto del tiempo suplementario. La frustración (personal, deportiva, social o política) tiene un ciclo psicológico y emocional que debe cumplirse si el deseo es vivir en paz y en convivencia democrática. Una de las causas del feminicidio es, precisamente, la incapacidad emocional para aceptar que una mujer ya dejó de querer a la pareja, la obnubilación de la razón del varón que no acepta que una mujer ha tomado la decisión de separarse, que ha dejado de quererlo y que no desea continuar más con la relación. La intolerancia a la frustración y la resiliencia oportuna son claves para sobrevivir en una sociedad donde no todo puede salir bien.   

En la vida cotidiana se gana o se pierde; si se gana en hora buena para el ganador, quien pierde no le echa maldiciones perversas al ganador para que a este le vaya lo peor posible en la gestión y el gobierno. La línea entre la pasión, el apasionamiento, la obsesión y la intolerancia es delgadísima como un chicle estirado a punto de romperse. Es sumamente importante hacer de la tolerancia a la frustración una actitud positiva y pública. Mientras uno se resiste obstinadamente a aceptar que no ganó las elecciones por 44,058 votos; el otro no puede ser proclamado presidente de la república, con pocos días para la transferencia administrativa y la conformación del gabinete ministerial y la agenda para los primeros 100 días de gestión, los álgidos problemas del Perú están ahí como en la fila esperando para pagar los servicios de agua, luz o Internet, sin destino fijo a corto plazo; ahí espera la celeridad de la vacunación , la reactivación urgente de la economía, le generación de empleo, la inseguridad ciudadana. Cuando los políticos están envanecidos por el ego de globo aerostático o los intereses personales y de grupos económicos, el Perú y sus apremiantes problemas están en segundo plano; son el último de la fila. Cuánta falta hace que la política contenga visiblemente en las acciones y actitudes la ética, la responsabilidad social y desapego de aspiraciones mezquinas. La política es una oportunidad para ejercer la vocación de servicio para beneficiar a los demás. Pervertir o desviarse intencionalmente de este propósito público es inmoral, indecente, creer que el Estado es un botín de guerra, una parcela feudal para hacer lo que mejor parezca.  

“Saber ganar, saber perder” es una lógica que se asimila con equilibrio emocional, aceptando responsabilidades propias y con la aplicación precisa de las reglas de juego; no hacerlo equivale a actuar con mezquindad y malicia, sin importar a quién se perjudica. Dice un antiguo refrán: “Una retirada a tiempo es una victoria”.