UN BUEN AMIGO

Por: Andrés Jara Maylle

Tomando como punto de partida los recuerdos de sus primeros ocho años de su vida feliz y edénica, por los incontables parajes de la selva peruana donde su familia trotamundos residió, Luis Hernán Mozombite, con admirable sencillez, ha dado vida a un libro dirigido a todo público, es cierto, pero especialmente a los niños y adolescentes que quieren introducirse en la magia, y en el sortilegio, y en el asombro de un infante que va descubriendo los vaivenes de una existencia llena de aventuras, y en donde la familia, incluyendo las más queridas mascotas, juegan un rol importante.
El libro tiene un título sugerente: Un buen amigo y otras historias y entre sus páginas, por ejemplo, podemos encontrar las incontables vicisitudes de Argos, un pequeño perrito (negrito, orejudo y peludo) que un día llegó a la casa en brazos de un hermano y que, desde entonces, para los niños y sus padres que allí vivían, se convirtió en un miembro más de la familia.
Todos los seres humanos, por alguna razón, hemos sabido convivir y además amar a un animalito casero. Y en ese sentido, el perro es ese compañero por antonomasia en la infancia (también en la adultez, cómo no) de los que un día fueron niños. En ese sentido, Luis Hernán Mozombite recrea, con la ternura y la sensibilidad necesarias, un universo hecho a la medida de aquella etapa de la vida, en donde el protagonista, como ya se dijo, es Argos: perro inteligente, dotado de especial ternura y con gran susceptibilidad para encariñarse con los seres humanos. Y como la vida, para hombres y perros, muchas veces no es necesariamente color de rosa, Argos, un día malhadado, será alejado irremediablemente de ese mundo que él y los niños erigieron a su medida. Argos tiene que partir, acaso a un infierno que él jamás quiso, sin poder entender por qué las distancias tienen que interponerse entre el amor y la vida.
Pero en el libro podemos encontrar otras historias más. Todas ellas tan conmovedoras como aleccionadoras. Por ejemplo, continuando con los relatos perrunos, está La fábula de Capablanca, en donde se narra los pormenores de un perro grande y abusivo que se enseñoreó sobre la vida de otros canes, todos ellos pequeños y chuscos y, por ello mismo, incapaces de enfrentarse a la brutalidad e insolencia de Capablanca. Pero como todo lo que se hace se paga (reza el adagio), desde el lejano Brasil y surcando el Amazonas, un día llegará a los dominios de Capablanca, en un barco solitario, un viejo seguido de otro perro, también viejo, pero con la experiencia de una larga vida dejada atrás, entre los ríos y bosques que recrea el autor admirablemente.
Ese perro forastero reivindicará a los canes chuscos de la pequeña comarca y dará su merecido (merecidamente) a la fanfarronería de Capablanca, ante la algarabía justiciera de los chuscos celebrando el fin de las ofensas.
El libro cierra con un misterioso relato (El aviso). Aquí la vida y la muerte cobran presencia insondable. Tal vez sea la muerte la que quiere anunciarse simplemente porque no quiere dejar este mundo, por muy duro que sea. En El aviso, “el presentimiento y la sorpresa juegan un papel importante. Aquí también se recogen las creencias populares respecto a la vida después de la muerte”, se lee en la contratapa de Un buen amigo y otras historias.
Luis Hernán Mozombite, con este libro muestra, ante todos y ante todo, las habilidades que un buen narrador debe tener: un sobrio y meticuloso manejo del lenguaje, unas técnicas apropiadas para narrar una historia, la buena elección de los personajes y los escenarios; y especialmente, en este caso, la acertada decisión para elegir quién hará de alter ego para recrear acontecimientos que tienen como punto de partida los recuerdos y las añoranzas de una infancia feliz, antes que se pierda “en las estribaciones” de la memoria.