Por: Arlindo Luciano
Cada año escolar es diferente; el objetivo es el mismo: gestión de los aprendizajes y logro de competencias, con docentes meritocráticos. Treintiséis semanas de trabajo pedagógico, de reajuste de planes y afinamiento pedagógico. Hace tres años enfrentamos al Covid-19 con todo lo que tuvimos y pudimos. Las clases virtuales fueron la alternativa, pero el enclaustramiento, la muerte, las enfermedades mentales y afectación emocional tienen secuelas. El 2025 empieza con el auge de la inteligencia artificial que se cuela por las rendijas al trabajo pedagógico, sea por competencias o con predominio del conocimiento. El apremio de los estudiantes de quinto de secundaria es el ingreso a la universidad. La sociedad del siglo XXI requiere de una educación que genere aprendizajes significativos, pensamiento crítico, con apertura a la tecnología y la innovación, autonomía de decisiones, conciencia ambiental, manejo de instrumentos digitales y lectoría sostenible.
La RVM N°. 556-2024-Minedu regula el año escolar 2025. Este documento de gestión educativa alinea los cinco compromisos que impulsan el trabajo pedagógico, administrativo y académico de las IIEE públicas y privadas. Exige el cumplimiento de tres prioridades: promover el bienestar socioemocional del estudiante, educación inclusiva, intercultural y equitativa y el rol fundamental del docente en el acompañamiento pedagógico. El alineamiento institucional es necesario y fundamental. La gestión del aprendizaje tiene como eje al estudiante; el trabajo del docente se ajusta al Currículo Nacional (enfoque por competencias) y las necesidades cognitivas para postular a la universidad. Conocimiento, competencias, capacidades y desempeños se conjugan. Aún existe déficit de infraestructura educativa; sin embargo, muchas IIEE públicas exhiben admirable y confortable infraestructura, equipamiento, materiales educativos, mobiliario, etc. La IE privada tiene lo suyo. La institución educativa garantiza matrícula, retención y promoción de estudiantes registrados en la plataforma Siagie. Los niños con NEE merecen, por justicia y derecho, estudiar bajo la consigna de la educación inclusiva. La deserción escolar es un fracaso generacional. El monitoreo del desempeño docente es vital para vigilar que los aprendizajes se concreten. Un docente sin sesión de aprendizaje es un impostor. El Estado paga, según la escala magisterial, a los docentes para enseñar con responsabilidad social. La violencia escolar es tarea impostergable. El castigo físico y humillante está prohibido por la ley. El Minedu facilita seis protocolos para el abordaje de la violencia escolar. Un séptimo se refiere al consumo y posesión de estupefacientes en la IE; el octavo a la agresión del estudiante al docente. La tutoría y el trabajo del psicólogo juegan un papel relevante en la prevención y tratamiento de la violencia escolar.
El docente de EBR trabaja con niños y adolescentes. Ese es el reto cotidiano en el aula. Tres virtudes ayudarían al docente: empatía como sinónimo de comprender y ponerse en el pellejo del estudiante, de saber que hay dos mundos emocionales distintos y en conflicto; la paciencia equivalente a fomentar serenidad y convivencia democrática; y capacidad efectiva para resolver problemas donde la sabiduría, la habilidad verbal y la negociación se juntan. La gestión emocional del docente es estratégica; no basta que sea un experto en educación por competencias o enseñanza preuniversitaria. La actitud y aptitud intelectual se acompañan. En una escena de la película El club del emperador (2002), el docente actúa con inteligencia y sabiduría. Los estudiantes, al mismo tiempo, cierran el libro, el ruido produce aturdimiento en el docente; identifica al incitador. Lo invita al frente de la clase. Le hace varias preguntas sobre emperadores romanos. Responde con mofa. Aparece el sensato docente. Recuerda al comediógrafo griego Aristófanes: “En la juventud hay inmadurez porque se está creciendo, la ignorancia puede ser educación y la embriaguez sobriedad, pero la estupidez dura para siempre”. El estudiante, hijo de un influyente político americano, queda quieto; la clase continúa. En los años 90, cuando pensaba que la poesía era la salvación del mundo, vi repetidas veces la película La sociedad de los poetas muertos (1989). Carpe diem, “Oh, mi capitán, mi capitán” y Walt Whitman se concentraban en la figura de un extraordinario docente de literatura: John Keating (Robin Williams). Por muchos años yo me creía John Keating. En una oportunidad me subí sobre la silla del pupitre del aula de clases y leí en alta voz “Piedra negra sobre una piedra blanca” de César Vallejo.
¿Cuáles son los temas actuales que se deben abordar en las IIEE? Podría enumerar cinco. 1. La incorporación de la IA como recurso educativo que potenciaría la efectividad de los aprendizajes. 2. Habilidades blandas para gestionar las relaciones interpersonales y socioemocionales (empatía, tolerancia, trabajo en equipo, comunicación efectiva y resolución de conflictos). 3. La promoción del pensamiento crítico a través de la interpretación de textos, la argumentación y el debate. 4. Proyectos de investigación e innovación tecnológica para generar conocimiento científico y talento creativo. 5. Enfoque ambiental alineado a los 17 desafíos de la ODS; solo cinco: alimentación saludable (menos chatarra), ahorro del agua, gestión de residuos sólidos, empoderamiento de la mujer y lucha contra la pobreza. Se puede lograr esto con educación integral e inclusiva y docentes meritocráticos. Hoy la educación memorística es fatal. Rosendo Serna Román, exministro de educación, me dijo: “La eficiencia de una gestión educativa se basa en el conocimiento de la norma técnica aplicada correctamente”. En el primer párrafo del Prólogo, del libro ¡Crear o morir! La esperanza de Latinoamérica y las cinco claves de la innovación (2014), de Andrés Oppenheimer, se lee: “…¿por qué no surge un Steve Jobs en México, Argentina, Colombia, o cualquier otro país de América Latina, o en España, donde hay gente tanto o más talentosa que el fundador de Apple? ¿Qué es lo que hace que Jobs haya triunfado en Estados Unidos, al igual que Bill Gates, el fundador de Microsoft; Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, y tantos otros, y miles de talentos de otras partes del mundo no puedan hacerlo en sus países? El mismo Oppenheimer responde: “… el principal motivo por el que no ha surgido un Jobs en nuestros países es que tenemos una cultura social -y legal- que no tolera el fracaso. Los grandes creadores fracasan muchas veces antes de triunfar, escribir, y para eso hacen falta sociedades tolerantes con el fracaso”. Para que la educación sea realmente un instrumento de desarrollo de los pueblos y punta de lanza del bienestar del ciudadano tiene que gestionar talento, inversión privada, promover autonomía y resiliencia, oportunidades y superar el “complejo de inferioridad” de la pobreza irreversible, que los ricos causan miseria económica en el trabajador.




