Un alcalde en bicicleta

Escrito por: Jacobo Ramírez Mays

«¡Profe!, ¿Cómo está usted?», me dice un joven que está cargando su bicicleta por una de las innumerables calles agujereadas que tiene esta ciudad; calle que nadie reparará hasta que llegue otro gobernante, uno que sí tenga ganas de trabajar.  

«Hola, muchacho», le respondo tratando de reconocerlo, pero me es imposible. Así llegamos a la esquina, él pone su bicicleta al suelo, la monta y pasa hacia la otra vereda por un área pintada de color rojo con líneas blancas. Luego se desmonta y vuelve a cargar su bici en sus hombros. «Este problema de estar encerrado está poniendo locos a muchos; pobre muchacho: ya está chicoteado», pienso. Acelero los pasos, lo alcanzo y le pregunto: «¿Qué pasa? ¿Tu bicicleta está malograda?» «Nada, profe. Usted no vive acá, ¿verdad?» «No, vivo en Las Pampas», le respondo. «Profe, ¿Usted no ve noticiero, no escucha radio, no lee periódico, no tiene redes sociales?», me dice, levantando la voz. «Sí», le respondo, casi gritando porque un individuo tocaba la bocina de su carro como si el mundo se fuera a terminar. «¿Y no se ha enterado de que nuestro brillante ingeniero, el flamante alcalde de Huánuco, ha hecho una ciclovía para esta hermosa ciudad?» Me quedo callado. No sé qué decir. Pues lo cierto es que yo pensaba que eso lo habían hecho unos venezolanos que hace tiempo vi pintando la pista. «Pucha, profe, usted sí que está desinformado. El 19 de diciembre de 2020, en una nota de prensa, la municipalidad de Huánuco mencionó la ejecución del proyecto Implementación del sistema de transporte sostenible no motorizado en la ciudad de Huánuco. Con una inversión de 409 361.89 soles. Esta huevada que sus ojos ven, es la ciclovía que está valorizada en casi medio millón de soles». 

«¡No puede ser!», le respondo. «Sí, profe, mientras todos estábamos acojudados pensando en qué momento le darán la presidencia a tu colega, el otro profe, o escuchando los argumentos más estúpidos de los fujimoristas; mientras usted estaba apostando por el Perú para ganarse unos sencillos, esperando un triunfo de la selección; mientras estábamos de miedo por el terremoto que afectó a algunas partes de Lima; mientras todos los huanuqueños estábamos, en definitiva, acojudados con los acontecimientos deportivos y naturales; el señor alcalde de Huánuco, que al parecer no tiene ni un solo pelo de cojudo, nos entregó esta maravillosa obra para manejar nuestras bicicletas solo en las esquinas». Miro, asombrado, las pintas en cada esquina, y no cabe en mi cabeza que aquello que me cuentan sea cierto.  

«Profe, ¿Cuándo habrá un alcalde honesto en nuestra ciudad? No es por nada, pero usted podría ser una buena opción, me dice mientras sonríe maliciosamente». «Ni cagando», le respondo. «¿Por qué no?» «Porque podré ser pendejo, sagaz, palomilla; pero no corrupto. Yo todavía tengo sangre en la cara».   

«No se moleste, profe. No vale la pena. Así son todos nuestros políticos. No hay duda de que Huánuco tiene una suerte de mierda para elegir a sus autoridades. Si no nos tocan delincuentes, nos tocan corruptos; si no nos tocan corruptos, nos tocan ineptos; o, como nos viene ocurriendo en los últimos tiempos, nos tocan delincuentes, corruptos e ineptos al mismo tiempo. ¡Qué pecado estaremos pagando!», me dice apretando los puños, pensando probablemente en lo bien que le haría poder descargarlos en alguna parte. «¿Pecado? No, no, no. Ningún pecado. Lo que tenemos es lo que nos merecemos. ¿Acaso alguien nos puso una pistola en la cabeza para votar por esa tira de infelices del partido de la pala? Ahí está, pues. Ahí están sus grandiosas autoridades, que no atan, ni desatan».    

«Ojalá que algún día cambien las cosas, profe», me dice antes de despedirse cargando su bicicleta. «Sigue creyendo en milagros, muchacho. Así era yo también cuando era más joven, cuando tenía más pelo», le digo mientras me quedo pensando en la gracia que me haría ver un día de estos al cojudo alcalde ese tratando de manejar su cojuda bicicleta por su cojuda ciclovía.