El expresidente estadounidense Donald Trump bloqueó un plan presentado por Israel para asesinar al líder supremo de Irán, ayatolá Ali Khamenei. Según un funcionario estadounidense citado bajo anonimato, el gobierno israelí había informado a Washington sobre una operación “creíble”, pero la Casa Blanca se opuso categóricamente por temor a una expansión del conflicto en Medio Oriente.
La administración Trump consideró que el asesinato de Khamenei podría desatar una espiral de violencia que involucrara a toda la región. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, evitó comentar el plan en una entrevista televisiva, aunque afirmó que su país “hará lo que tenga que hacer”.
Trump, por su parte, advirtió a Irán sobre represalias contra objetivos estadounidenses, mientras reiteraba que su país no estuvo implicado en los recientes ataques a Irán. No obstante, Teherán sostiene que responsabilizará a EE.UU. por su apoyo armamentístico a Israel.
Israel ha intensificado su ofensiva, atacando instalaciones militares y depósitos de combustible en Irán, incluida la destrucción de un avión cisterna en el aeropuerto de Mashhad. Los bombardeos también alcanzaron edificios residenciales, dejando al menos cinco muertos en Teherán, mientras que los ataques iraníes dejaron 13 fallecidos en Israel y más de 200 heridos.
Tensión regional y discurso electoral
Trump intenta posicionarse como un mediador global, comparando esta crisis con su intervención en el conflicto entre India y Pakistán. Insiste en que Israel e Irán alcanzarán un acuerdo pronto, aunque las hostilidades continúan.
En medio de su campaña, Trump enfrenta críticas por su política exterior. A pesar de su promesa de acabar con las guerras en Gaza y Ucrania, no ha logrado avances concretos. Mientras tanto, algunos aliados, como el senador Rand Paul, le piden evitar involucrar a EE.UU. en una guerra que podría escalar sin control.




