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Trump retira su demanda de un alto el fuego ruso en Ucrania

La diplomacia internacional observa con atención los movimientos recientes del expresidente Trump en relación con el conflicto en Ucrania, especialmente su cambio de postura respecto a la necesidad de un alto el fuego inmediato exigido a Rusia. El exmandatario parece haber virado hacia una posición más alineada con la del presidente Putin, priorizando las negociaciones directas entre Ucrania y Rusia, un enfoque que ha generado controversia y despierta interrogantes sobre el futuro de la mediación internacional en este conflicto bélico.

Según la investigación publicada por The New York Times, el exmandatario estadounidense respaldó la propuesta de Putin para que Ucrania y Rusia negocien directamente el cese de hostilidades y un eventual acuerdo de paz, luego de una conversación telefónica de dos horas entre ambos líderes.

Este acercamiento se distancia de las amenazas previas de Trump de incrementar la presión sobre Moscú, como la sugerencia de nuevas sanciones bancarias en abril, motivadas por su percepción de que Putin no estaba dispuesto a detener la guerra y requería un trato diferente. Ahora, Trump parece inclinado a delegar la responsabilidad de la mediación incluso a instancias superiores, como el Vaticano, sugiriendo que éste podría ser la sede de futuras negociaciones.

Si bien Trump presenta el inicio de las conversaciones de paz como una concesión de Putin, en realidad, estaría avalando la estrategia rusa, que ha respondido a los llamamientos al cese de hostilidades con propuestas de negociaciones prolongadas. En este contexto, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, manifestó su preocupación por esta dinámica, enfatizando la necesidad de que representantes estadounidenses y europeos participen en el proceso de negociación a un nivel adecuado.

La reunión entre funcionarios rusos y ucranianos en Estambul, la primera en más de tres años, no arrojó resultados significativos más allá del acuerdo para continuar las conversaciones y realizar un intercambio de 1.000 prisioneros por cada bando. Este estancamiento subraya cómo la confianza de Trump en su carisma personal y capacidad de negociación choca con las profundas divisiones y complejas motivaciones políticas que impulsan tanto a Rusia como a Ucrania. Los desacuerdos persistentes revelan la dificultad de alcanzar una solución negociada que satisfaga a todas las partes involucradas.

Después de la conversación con Putin, Trump destacó los beneficios económicos de poner fin a la guerra, afirmando que Rusia deseaba participar en un comercio a gran escala con Estados Unidos una vez que terminara este “baño de sangre catastrófico”. De hecho, el asesor de política exterior de Putin, Yuri Ushakov, declaró a la prensa que el presidente estadounidense se mostró “bastante emocionado” por las perspectivas de la relación ruso-estadounidense y describió a Rusia como un socio comercial clave para Estados Unidos en el futuro. Esta visión contrasta con la postura oficial del gobierno de Biden, que ha impuesto severas sanciones económicas a Rusia en respuesta a la invasión de Ucrania.

Karoline Leavitt, secretaria de prensa de Trump, reconoció que el expresidente se siente “cansado y frustrado con ambas partes del conflicto”, aunque evitó precisar si Trump, quien en el pasado aseguró poder poner fin a la guerra en un solo día, ha establecido un plazo para que las dos naciones alcancen un acuerdo. Trump manifestó que esperaba que se produjeran avances en las conversaciones, pero advirtió que, de lo contrario, simplemente se “retiraría”. Esta declaración sugiere una posible limitación de su compromiso con el proceso de mediación.