Trump intensifica las amenazas comerciales en un arriesgado pulso global

La guerra comercial desatada por el Presidente Trump continúa escalando, mostrando una estrategia agresiva y potencialmente perjudicial para las relaciones internacionales y la economía global. Por segunda vez en la semana, el mandatario ha recurrido a la amenaza de disrupción comercial contra aliados cercanos, una táctica que, si bien busca el compromiso, corre el riesgo de desembocar en conflictos económicos aún mayores. Esta estrategia se produce en un contexto de crecientes tensiones comerciales a nivel mundial, con debates abiertos sobre la necesidad de reformar la Organización Mundial del Comercio (OMC) y de establecer acuerdos bilaterales más favorables.

Según la investigación publicada por The New York Times, el Presidente Trump intensificó su presión sobre la Unión Europea y Canadá, utilizando aranceles punitivos como herramienta de negociación.

El jueves, el Presidente Trump intentó doblegar a la Unión Europea mediante una publicación en redes sociales, donde amenazó con imponer un arancel del 200% al vino y al champán europeos, a menos que el bloque retirara un arancel del 50% al whisky estadounidense. Esta medida fue una respuesta al gravamen europeo sobre el acero y el aluminio estadounidenses, impuesto el miércoles en represalia a los aranceles que Trump había impuesto a estos productos a nivel global. Cabe recordar que la industria del vino europea genera miles de millones de euros anuales y es un sector clave para la economía de países como Francia, Italia y España.

Previamente, el martes, Trump había empleado una táctica similar contra Canadá, amenazando con duplicar los aranceles del 25% sobre el acero y el aluminio canadienses. El objetivo era forzar a la provincia de Ontario a eliminar un recargo sobre la electricidad vendida a Estados Unidos, impuesto después de que Trump aplicara otros aranceles a Canadá a principios de mes. Este recargo afectaba directamente a empresas estadounidenses que dependen de la energía canadiense, generando controversia y presión política.

Sin embargo, tras la suspensión del recargo por parte de Ontario, Trump dio marcha atrás con sus amenazas, lo que sugiere una cierta flexibilidad estratégica. No obstante, estas acciones han generado incertidumbre en los mercados y preocupación entre los socios comerciales de Estados Unidos.

En las últimas semanas, la administración Trump ha orquestado una serie de aranceles y amenazas arancelarias que han sembrado confusión y tienen el potencial de generar graves consecuencias económicas. Esta actitud beligerante en el ámbito comercial internacional ha sido interpretada por algunos analistas como un intento de renegociar los términos del comercio global en favor de los intereses estadounidenses, aunque a costa de la estabilidad económica mundial. El índice S&P 500, un indicador clave del mercado bursátil estadounidense, experimentó una nueva caída el jueves después de que Trump amenazara a Europa y reafirmara su intención de imponer grandes aranceles. Esta volatilidad subraya la sensibilidad de los mercados a las políticas comerciales del Presidente.

Cuando se le preguntó si cedería ante Canadá, país que envió una delegación a Estados Unidos el jueves para intentar calmar las tensiones comerciales, Trump declaró: “No voy a ceder en absoluto”. Esta firmeza, aunque percibida por algunos como una señal de determinación, ha generado inquietud entre quienes temen que la escalada de la guerra comercial pueda tener consecuencias devastadoras para la economía global y las relaciones internacionales.