La política comercial del expresidente Trump vuelve a ser noticia, esta vez con un enfoque en la imposición de aranceles a productos tecnológicos y farmacéuticos. El anuncio de posibles gravámenes adicionales sobre chips de computadora y medicamentos importados ha generado incertidumbre en los mercados y entre las empresas, quienes evalúan el impacto de estas medidas en sus inversiones y cadenas de suministro. Este viraje estratégico se produce en un contexto global de reconfiguración de las alianzas comerciales y de crecientes preocupaciones sobre la seguridad nacional, particularmente en lo que respecta a la dependencia de componentes críticos fabricados en el extranjero.
Según la investigación publicada por The New York Times, el expresidente Trump insinuó la pronta imposición de nuevos aranceles sobre semiconductores, buscando fomentar una mayor producción nacional de este componente esencial para la electrónica, la automoción, los juguetes y otros bienes. Esta medida se alinea con la retórica proteccionista que caracterizó su administración, centrada en el fortalecimiento de la industria local y la reducción de la dependencia de proveedores extranjeros.
Trump argumenta que la imposición de aranceles aceleraría el traslado de la producción al territorio estadounidense, citando como ejemplo los impuestos a la importación de acero, aluminio y automóviles que implementó durante su mandato. Sin embargo, analistas advierten que estas políticas podrían tener efectos contraproducentes, como el aumento de los costos para los consumidores y la disrupción de las cadenas de suministro globales. La dependencia de Estados Unidos de chips importados, principalmente de Taiwán y otros países asiáticos, ha sido señalada por demócratas y republicanos como un riesgo significativo para la seguridad nacional, lo que justifica, según algunos, la necesidad de medidas para impulsar la producción interna.
Además de los semiconductores, el expresidente Trump también manifestó su intención de establecer nuevos aranceles a las importaciones farmacéuticas, argumentando que una proporción excesiva de medicamentos esenciales se importa desde países como Irlanda, en lugar de producirse en suelo estadounidense. Esta propuesta ha generado controversia, con defensores argumentando que podría reducir la disponibilidad y aumentar el costo de los medicamentos para los pacientes, mientras que sus partidarios sostienen que incentivaría la producción local y fortalecería la seguridad nacional en el ámbito de la salud.
La administración Trump ha puesto en marcha medidas como la Ley CHIPS y Ciencia para impulsar la fabricación de semiconductores en EE. UU., buscando reducir la dependencia de Asia. En el pasado, Trump ya había implementado aranceles al acero y al aluminio, argumentando que eran necesarios para proteger la industria nacional, algo que causó tensiones con aliados comerciales clave. La estrategia comercial del expresidente se ha caracterizado por su unilateralismo y su enfoque en la negociación bilateral, en contraposición a los acuerdos multilaterales que tradicionalmente han dominado el comercio internacional.
Las implicaciones a largo plazo de esta posible nueva ronda de aranceles son aún inciertas. Los mercados reaccionaron con cautela ante los anuncios, reflejando la incertidumbre sobre el impacto que estas medidas podrían tener en las cadenas de suministro, los precios y la competitividad de las empresas estadounidenses. La implementación de estos aranceles podría desencadenar represalias por parte de otros países, intensificando las tensiones comerciales y afectando el crecimiento económico global. En un mundo cada vez más interconectado, la política comercial del expresidente Trump plantea interrogantes sobre el futuro del comercio internacional y el papel de Estados Unidos en la economía global.




