La tensión comercial entre Estados Unidos y Canadá experimentó un preocupante escalamiento el martes, cuando el entonces presidente Trump amenazó con duplicar los aranceles sobre las importaciones de acero y aluminio provenientes del país vecino. La propuesta, que buscaba convertir a uno de los aliados tradicionales de Estados Unidos en su estado número 51, generó una oleada de incertidumbre en los mercados y entre los socios comerciales de ambas naciones. La escalada se produjo en un contexto de crecientes tensiones comerciales a nivel global, con Estados Unidos implementando políticas proteccionistas y renegociando acuerdos comerciales clave.
Según la investigación publicada por The New York Times, esta acción se enmarca en una semana de movimientos comerciales erráticos, que causaron inquietud entre inversores y empresas dependientes del comercio internacional, y que provocaron fricciones con algunos de los socios comerciales más cercanos de la unión americana.
La amenaza arancelaria surgió a través de una publicación en la plataforma de redes sociales del Sr. Trump en la mañana del martes, donde se especificaba un arancel del 50% sobre el acero y aluminio canadiense, duplicando el gravamen previsto para otros países a partir del miércoles. La justificación presentada fue una supuesta sobretasa impuesta por la provincia de Ontario a la electricidad importada desde Estados Unidos, una medida que, a su vez, respondía a los aranceles previamente impuestos por la administración Trump sobre productos canadienses la semana anterior. Este ciclo de represalias arancelarias, conocido como “ojo por ojo”, amenazaba con desestabilizar las relaciones comerciales bilaterales, que representan un flujo anual de bienes y servicios valorado en cientos de miles de millones de dólares.
No obstante, la situación experimentó una leve distensión durante la tarde del mismo día. El premier de Ontario, la provincia más poblada de Canadá, anunció la suspensión de la sobretasa eléctrica. En respuesta, el Sr. Trump declaró en la Casa Blanca que “probablemente” reduciría el arancel sobre los metales canadienses. Esta moderación, aunque tentativa, representó un respiro en medio de la creciente tensión.
Kush Desai, un portavoz de la Casa Blanca, afirmó que las amenazas del Sr. Trump habían logrado persuadir a Canadá para dar marcha atrás. “El presidente Trump ha utilizado una vez más el poder de la economía estadounidense, que es la mejor y más grande del mundo, para lograr una victoria para el pueblo estadounidense”, declaró Desai. Esta retórica, sin embargo, ignoraba las potenciales consecuencias negativas de una guerra comercial para ambos países, incluyendo el aumento de precios para los consumidores y la disrupción de las cadenas de suministro.
Como resultado de la negociación, Canadá enfrentaría un arancel del 25% sobre los metales, el mismo gravamen que se aplicaría al resto de los socios comerciales de Estados Unidos una vez que entrara en vigor a la medianoche. Aunque se evitó una escalada mayor, la incertidumbre persistía sobre el futuro de las relaciones comerciales bilaterales, especialmente en un contexto de creciente proteccionismo y nacionalismo económico a nivel global. La imposición de aranceles al acero y aluminio, según la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962, se justificó por motivos de seguridad nacional, una medida que fue ampliamente criticada por sus socios comerciales.



