Trump busca revivir el carbón pero enfrenta un camino difícil.

La **energía** fósil, particularmente el carbón, ha experimentado un declive constante en la última década, impulsado por la abundancia de gas natural y el auge de las energías renovables. A pesar de esta tendencia, la administración Trump emitió la semana pasada órdenes ejecutivas con el objetivo de revitalizar el uso del carbón en las centrales eléctricas, una medida que ha generado debate y escepticismo entre expertos del sector.

Según la investigación publicada por The New York Times, este esfuerzo enfrenta obstáculos significativos que podrían impedir su éxito. La viabilidad económica y la obsolescencia de las infraestructuras existentes son factores cruciales que complican la reactivación del carbón.

Una de las principales razones del declive del carbón es la competitividad del gas natural, cuyo precio ha disminuido drásticamente gracias al auge del fracking de esquisto, que comenzó a principios de la década de 2000. Además, las energías renovables, como la eólica y la solar, han ganado terreno de manera significativa, ofreciendo alternativas más limpias y, en muchos casos, más económicas.

Las centrales de carbón actualmente representan solo el 17% de la generación de electricidad en los Estados Unidos, una cifra considerablemente menor en comparación con su papel histórico como principal fuente de energía. En contraste, el gas natural suministra alrededor del 38% de la electricidad, mientras que las energías renovables contribuyen con aproximadamente el 25%, y la energía nuclear genera alrededor del 20%, según datos de la Administración de Información Energética.

La infraestructura obsoleta también representa un desafío importante. Muchas centrales de carbón son antiguas y requerirían actualizaciones costosas para seguir operando de manera eficiente y cumpliendo con las regulaciones ambientales. Estas inversiones, sumadas a la competencia de fuentes de energía más baratas, dificultan la justificación económica de la reactivación del carbón.

Como señala Dan Reicher, ex secretario adjunto de Energía en la administración Clinton y ex director de clima y energía en Google, existen «diversas fuerzas en juego que no auguran un futuro muy brillante para el carbón». La transición energética hacia fuentes más sostenibles parece irreversible, al menos en la coyuntura actual.

En algunas regiones, como Nueva Inglaterra, se planea cerrar las últimas centrales de carbón en un futuro cercano. California, el estado más poblado del país, prácticamente no utiliza carbón para la generación de electricidad, lo que refleja una tendencia nacional hacia la diversificación de la matriz energética y la reducción de la dependencia de los combustibles fósiles.