Estados Unidos elevó la presión al máximo. El presidente Donald Trump anunció que su Gobierno comenzará operativos terrestres para interceptar a narcotraficantes provenientes de Venezuela, tras calificar como “altamente exitosas” las acciones militares desplegadas en el Mar Caribe.
El anuncio ocurrió durante una llamada de Acción de Gracias desde Florida con personal militar, donde el mandatario envió un mensaje directo: los grupos que trafican droga hacia EE. UU. deben detener sus envíos o enfrentar una nueva fase de intervención.
Un cambio estratégico: del mar a la tierra
Trump afirmó que las operaciones marítimas han reducido el flujo de drogas hacia Estados Unidos. Más de 20 embarcaciones han sido destruidas desde el 1 de septiembre y 80 presuntos narcotraficantes fueron abatidos, según cifras oficiales.
Sin embargo, señaló que las rutas terrestres comienzan a ser utilizadas para evadir la vigilancia naval. Por ello, advirtió:
“Empezaremos a detenerlos por tierra. Es más fácil. Y será muy pronto”.
Aunque no dio detalles sobre la logística, insistió en que la nueva fase ampliará la capacidad de interdicción y reforzará la presión sobre las redes vinculadas a Venezuela.
Advertencia directa y posibilidad de diálogo
Trump reiteró que el ingreso de drogas a su país constituye un riesgo grave y llamó a quienes participan en estas actividades a “dejar de enviar veneno”.
Pese al tono firme, dejó abierta la puerta a una salida diplomática. Afirmó que podría dialogar con el gobierno venezolano para “salvar muchas vidas”. Estas declaraciones fueron calificadas como “bienvenidas” por el fiscal general de Venezuela, Tarek William Saab.
Resultados del operativo marítimo: presión sin precedentes
Estados Unidos reporta que gracias al despliegue militar —que incluye al portaaviones USS Gerald R. Ford, bombarderos B-52H y la clasificación del Cartel de los Soles como organización terrorista— el tráfico de drogas por mar se habría reducido en un 85 %.
Las redadas, patrullajes y destrucción de embarcaciones forman parte de lo que la Casa Blanca describe como un esfuerzo sostenido para “detener la llegada de sustancias ilícitas al país” y debilitar las redes criminales vinculadas a Venezuela.




