El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este jueves la imposición de un arancel del 35% a una amplia gama de productos importados desde Canadá, una medida que comenzará a regir el próximo 1 de agosto. La decisión, que marca un giro radical en la política comercial entre los dos países vecinos, amenaza con sacudir una relación bilateral que mueve aproximadamente 760 mil millones de dólares anuales y que se había considerado una de las más estables y estratégicas en el continente.
Durante una conferencia de prensa celebrada en la Casa Blanca, Trump justificó la medida alegando que Canadá ha “aprovechado injustamente” los acuerdos comerciales vigentes y que “los trabajadores y agricultores estadounidenses merecen condiciones equitativas”. Sin embargo, analistas coinciden en que esta movida responde también a intereses electorales internos, en un intento de fortalecer su base política en estados industriales clave, de cara a las elecciones de noviembre.
Respuesta canadiense
El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, calificó la decisión como “una bofetada a décadas de cooperación” y advirtió que su gobierno evalúa represalias equivalentes para proteger la economía canadiense. En Ottawa, varios legisladores expresaron su preocupación por el impacto inmediato que esto podría tener en sectores clave como el automotriz, la agricultura y la industria maderera, los cuales dependen significativamente de las exportaciones al mercado estadounidense.
Los mercados financieros reaccionaron con fuertes caídas. El índice Dow Jones retrocedió 1,2% tras conocerse la noticia, mientras el dólar canadiense se depreció frente al billete verde. Las cámaras de comercio de ambos países y organismos internacionales como el FMI pidieron moderación y llamaron a reanudar el diálogo para evitar una escalada que podría derivar en una guerra comercial abierta, similar a la que se vivió entre Estados Unidos y China en 2018.
Expertos advierten que la medida no solo encarecerá productos básicos para consumidores estadounidenses, sino que también podría tener un efecto dominó en la cadena global de suministros, justo en un momento de recuperación económica tras la pandemia y las recientes crisis logísticas. La próxima ronda de negociaciones bilaterales, prevista para finales de julio, se vislumbra ahora como un punto crítico para evitar un deterioro mayor en la relación entre Washington y Ottawa.




