La posibilidad de una nueva escalada en las guerras comerciales, liderada por el expresidente Trump, vuelve a generar incertidumbre en los mercados globales. Tras un período de relativa calma, las recientes declaraciones amenazan con desestabilizar las relaciones comerciales internacionales y afectar negativamente a empresas y consumidores. Este panorama se presenta en un contexto donde la inflación aún persiste en algunas economías y la recuperación post-pandemia se muestra desigual.
Según la investigación publicada por The New York Times, el expresidente Trump, tras un viaje al Medio Oriente y centrado en la legislación fiscal, ha retomado su estrategia de imposición de aranceles, anunciando gravámenes sobre las exportaciones europeas y advirtiendo a fabricantes de teléfonos, como Apple, sobre tarifas del 25% para productos fabricados fuera de Estados Unidos.
La amenaza de estos aranceles provocó una reacción inmediata en los mercados bursátiles, con caídas significativas y renovados temores sobre el futuro de la economía mundial. Economistas advierten que, de implementarse, estas medidas impactarían significativamente a empresas como Apple y podrían romper las relaciones comerciales entre Estados Unidos y la Unión Europea, uno de los mayores socios comerciales a nivel global. La imposición de aranceles, en particular, podría revertir los avances logrados en la moderación de la inflación, incrementando los precios de bienes importados y afectando el poder adquisitivo de los consumidores estadounidenses.
En una publicación en Truth Social, el expresidente Trump justificó su postura argumentando que las negociaciones con la Unión Europea no han progresado y propuso un arancel del 50% a las importaciones europeas a partir del 1 de junio. Trump acusó a la UE de prácticas comerciales desleales, alegando que las barreras comerciales, impuestos y políticas corporativas del bloque han contribuido a un desequilibrio comercial «totalmente inaceptable» para Estados Unidos. Esta retórica recuerda a las tensiones comerciales de su anterior administración, marcadas por la imposición de aranceles al acero y al aluminio importados, que generaron represalias por parte de otros países.
Además de la Unión Europea, el expresidente también apuntó directamente a Apple y a su CEO, Tim Cook, insistiendo en que los iPhones vendidos en Estados Unidos deberían ser «fabricados y construidos en Estados Unidos, no en India, ni en ningún otro lugar». Posteriormente, aclaró que el arancel del 25% no se limitaría a Apple, sino que se extendería a cualquier fabricante de teléfonos inteligentes que produzca fuera de Estados Unidos, incluyendo a Samsung, buscando así asegurar una competencia «justa». La potencial reubicación de la manufactura de iPhones en suelo estadounidense plantearía desafíos logísticos significativos, considerando la compleja cadena de suministro global y los altos costos laborales en comparación con otros países.
La reacción del mercado fue inmediata, con el índice S&P 500 experimentando una fuerte caída inicial, aunque logró recuperarse parcialmente al final del día. Las acciones de Apple también sufrieron un descenso del 3%. En Europa, las acciones de los fabricantes de automóviles fueron las más afectadas, con caídas notables en empresas como Stellantis, Mercedes-Benz, Volkswagen y Porsche. Estas fluctuaciones bursátiles reflejan la sensibilidad de los mercados ante la incertidumbre política y las posibles consecuencias económicas de las políticas comerciales proteccionistas.
Un análisis del Instituto Kiel para la Economía Mundial sugiere que los aranceles provocarían una caída del 20% en las exportaciones de la Unión Europea a Estados Unidos a corto plazo, así como un aumento de más del 6% en los precios en Estados Unidos. Austan Goolsbee, presidente del Banco de la Reserva Federal de Chicago, advirtió que estos impuestos a la importación podrían elevar los precios y frenar el crecimiento económico, calificándolos de «realmente aterradores para la cadena de suministro». Esta preocupación se centra en la interrupción de las cadenas de suministro globales y el aumento de los costos para las empresas, lo que podría traducirse en una menor inversión y una desaceleración económica general.




