La posible reducción de **aranceles** por parte de la administración Trump hacia China emerge como un rayo de esperanza en medio de la tormenta comercial que ha sacudido los mercados internacionales. Las tensiones comerciales entre las dos mayores economías del mundo han generado incertidumbre y volatilidad, afectando las cadenas de suministro globales y frenando el crecimiento económico. Ante este panorama, las negociaciones que se llevarán a cabo en Suiza este fin de semana adquieren una importancia crucial para la estabilidad del comercio global.
Según la investigación publicada por The New York Times, el presidente Trump insinuó la posibilidad de reducir drásticamente los aranceles impuestos a China, justo cuando negociadores estadounidenses y chinos se preparan para reunirse en Suiza en conversaciones comerciales de alto riesgo. La reunión busca desescalar la situación y preparar el terreno para un acuerdo comercial más amplio entre las dos superpotencias económicas.
En un mensaje a través de redes sociales, Trump sugirió que un arancel del 80% sobre los productos chinos “parece correcto”, dejando entrever que la decisión final recaería en el Secretario del Tesoro, Scott Bessent. Si bien esta cifra representa una disminución significativa del actual 145% aplicado a las importaciones chinas, aún se considera un nivel prohibitivo que obstaculizaría la mayor parte del comercio bilateral. Datos recientes revelan una fuerte caída del 21% en los envíos de China a Estados Unidos durante el mes de abril, en comparación con el mismo periodo del año anterior, evidenciando el impacto negativo de las políticas arancelarias.
La Secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, aclaró que la cifra del 80% fue una idea “lanzada al aire” por el Presidente Trump, y que cualquier reducción arancelaria estaría sujeta a negociaciones y concesiones por parte de China. “El Presidente mantiene su postura de no reducir unilateralmente los aranceles a China”, afirmó Leavitt. “Necesitamos ver concesiones por su parte también”. Esta declaración subraya la estrategia de presión de la administración Trump, que busca utilizar los aranceles como palanca para obtener ventajas comerciales.
El reciente ascenso de Scott Bessent, considerado un pragmático en materia comercial, para liderar las negociaciones con China ha sido bien recibido por los mercados. El Secretario del Tesoro ha manifestado que los aranceles y las restricciones comerciales impuestos por ambos países son “insostenibles” y ha instado a Beijing a dialogar para abordar lo que la administración Trump considera prácticas comerciales desleales. Bessent, según fuentes cercanas a la negociación, aboga por una solución negociada que beneficie a ambas partes y evite una escalada aún mayor de las tensiones comerciales.
A pesar de las señales de flexibilidad por parte de Trump, un arancel del 80% podría no ser suficiente para reactivar el comercio transpacífico. Algunos ejecutivos han advertido que aranceles superiores al 50% son suficientes para congelar las exportaciones a Estados Unidos. Empresas que no pueden encontrar fuentes de suministro alternativas fuera de China se enfrentan a la bancarrota y despidos. La incertidumbre comercial ha llevado a muchas empresas a pausar inversiones y contrataciones, según Jane Fraser, CEO de Citigroup. La persistencia de aranceles elevados, incluso del 25%, podría tener efectos devastadores en la economía global.
La delegación china para las conversaciones en Ginebra incluye al Viceprimer Ministro He Lifeng, encargado de la política económica, y a Wang Xiaohong, Ministro de Seguridad Pública. La presencia de Wang, también director de la Comisión de Control de Narcóticos de China, sugiere que las negociaciones podrían abordar el tema del fentanilo, una droga sintética que ha causado una crisis de salud pública en Estados Unidos. Analistas consideran que las conversaciones son un intento de sondear las posiciones de la otra parte, y dudan de que se logren acuerdos concretos en el corto plazo.


