La región vive momentos de alta tensión, luego de dos semanas de promesas de una contundente respuesta por parte de la India a un ataque terrorista que vinculó directamente con Pakistán, la interrogante principal era la magnitud del contraataque.
Según la investigación publicada por The New York Times, la madrugada del miércoles marcó el inicio de las hostilidades cuando aviones indios irrumpieron en el espacio aéreo pakistaní para atacar varios objetivos. La respuesta no se hizo esperar, con la movilización de la fuerza aérea pakistaní intentando interceptar a los aviones enemigos.
Al finalizar el día, tras el cese de los ataques con misiles y el fin de las confrontaciones, ambas naciones evaluaban los resultados. Cada una encontró argumentos para proclamar una victoria, o bien, para justificar una escalada aún mayor del conflicto. La escalada ocurre en un momento de crecientes preocupaciones internacionales sobre la seguridad regional y la proliferación de armas nucleares en el subcontinente.
India, en esta ocasión, penetró más profundamente en territorio pakistaní que en cualquier otro momento de las décadas de conflicto que han marcado la relación entre ambos países, potencias nucleares. Los daños, según múltiples informes, fueron considerables, con más de veinte fallecidos en docenas de ataques distribuidos en seis a nueve localizaciones. Entre los blancos se encontraban ciudades con una larga historia de refugio para líderes terroristas buscados por la autoría de actos violentos perpetrados en India. Esta incursión se produce en un contexto de crecientes tensiones diplomáticas y comerciales entre ambos países, con implicaciones significativas para la estabilidad regional.
Sin embargo, existen pruebas crecientes de que Pakistán también infligió daños importantes. Fuentes oficiales indias, diplomáticos occidentales, medios locales y testimonios de testigos presenciales indican que dos o tres aviones indios fueron derribados en el lado indio de la frontera. Este resultado era precisamente lo que India buscaba evitar, tras haber sufrido una situación similar en 2019, la última vez que intercambió ataques militares con Pakistán. Aquel incidente generó una crisis diplomática y militar que amenazó con desestabilizar la región.
La situación actual plantea serias dudas sobre la estabilidad de la región y la capacidad de ambas naciones para gestionar sus diferencias de forma pacífica. La comunidad internacional observa con preocupación el desarrollo de los acontecimientos y llama a la calma y al diálogo para evitar una escalada aún mayor del conflicto.




