La incertidumbre geopolítica, exacerbada por recientes acciones militares, ha desencadenado una ola de cautela en los mercados globales. El temor a una escalada en el conflicto entre Estados Unidos e Irán, tras el supuesto ataque a instalaciones nucleares iraníes, está llevando a los inversores a buscar refugio en activos considerados más seguros. Este escenario se produce en un contexto de alta volatilidad económica global, con presiones inflacionarias persistentes y un crecimiento económico desacelerándose en varias regiones clave.
Según la investigación publicada por Gestión.pe, la comunidad inversora anticipa un impacto significativo en varios frentes: una potencial caída en los mercados bursátiles, un incremento en los precios del crudo y una posible apreciación del dólar estadounidense.
La principal preocupación radica en la posibilidad de que el conflicto se intensifique, lo que podría derivar en el bloqueo del estrecho de Ormuz, una vía marítima crucial para el transporte global de petróleo y gas. Neil Birrell, director de inversiones de Premier Miton Investors, advierte que la reacción inicial del mercado será una “huida hacia activos seguros”, lo que inevitablemente presionará a la baja los precios de las acciones. Birrell subraya que, dado el nivel actual de los mercados bursátiles, estos enfrentan un riesgo considerablemente elevado.
A pesar de la creciente tensión, la reacción del mercado hasta el momento ha sido relativamente moderada. El índice S&P 500, por ejemplo, ha experimentado una ligera caída desde el ataque inicial, situándose un 3% por debajo de su máximo histórico de febrero. Evgenia Molotova, gestora senior de inversiones de Pictet Asset Management, señala que los inversores aún mantienen la esperanza de que el conflicto permanezca localizado y no genere un impacto global significativo. Sin embargo, Molotova enfatiza que la situación es sumamente volátil y susceptible a cambios repentinos, añadiendo que un bloqueo del estrecho de Ormuz sería el catalizador para una reacción mucho más severa.
En respuesta al bombardeo, Irán ha prometido “consecuencias duraderas” y ha reservado todas las opciones para defender su soberanía. No obstante, se espera que las pérdidas sean limitadas, ya que algunos participantes del mercado ya se habían preparado para una posible escalada del conflicto. Esta anticipación se refleja en la reducción de las posiciones en acciones por parte de los gestores de fondos y en el aumento de la demanda de cobertura, lo que disminuye la probabilidad de una venta masiva a los niveles actuales.
El mercado del petróleo ha sido el más sensible a la escalada de tensión. Los futuros del Brent han experimentado un aumento del 11%, alcanzando los 77 dólares por barril. Analistas de Morgan Stanley sugieren que una resolución rápida del conflicto permitiría que los precios retrocedan hasta los 60 dólares por barril. Sin embargo, en caso de que la tensión persista, el petróleo podría mantenerse en su rango actual o incluso superar los 80 dólares por barril. Cualquier interrupción significativa en el suministro global de petróleo, especialmente a través de la región, podría impulsar los precios aún más al alza.
Paralelamente, el dólar estadounidense ha ganado terreno, fortaleciéndose alrededor de un 0.9% desde el inicio del conflicto. A pesar de ser un movimiento moderado en comparación con su papel tradicional como refugio seguro en tiempos de crisis, podría indicar un cambio en la tendencia bajista que ha experimentado la moneda en los últimos meses debido a factores internos como las políticas comerciales y fiscales. En el mercado de bonos del Tesoro de EE.UU., la reacción ha sido ambivalente, con una caída inicial en los rendimientos seguida de una rápida reversión ante la preocupación por un posible resurgimiento de la inflación. En general, los bonos del Tesoro han mostrado poca variación, con un aumento marginal en el rendimiento a 10 años.




