En un acto simbólico cargado de sinceridad y valentía, el sacerdote Juan Reyes expresó ante el gobernador y la comunidad: “No lo quiero ver en Potracancha”. Esta declaración, pronunciada durante la inauguración de un conjunto de maquinaria, no solo felicita sino que también advierte, reflejando la preocupación por la integridad en la administración pública. El mensaje del padre Reyes, conocido por su probidad, trasciende el evento, convirtiéndose en un llamado a todas las autoridades de Huánuco para que ejerzan sus cargos con responsabilidad y transparencia.
Este simple pero poderoso mensaje ha calado también en el primer regidor de la comuna provincial, Joel Arteaga, quien también ha advertido que dicho mensaje no solo va dirigido para el gobernador Antonio Pulgar, sino también para el alcalde provincial Antonio Jara, sus funcionarios y todos aquellos que ejercen la función pública.
Esta advertencia llega en un momento crítico, donde la sombra de la corrupción amenaza con ensombrecer el trabajo de los gobernantes. La historia reciente nos muestra un patrón desalentador de denuncias y condenas por corrupción que afectan no solo a los involucrados sino al desarrollo de la región. El caso de Juan Alvarado y otros funcionarios, así como el de autoridades que continúan en cargos públicos a pesar de acusaciones pendientes, subrayan la necesidad urgente de un cambio de paradigma.
La solución radica en la adopción de una cultura de integridad y transparencia en todos los niveles de gobierno. Es fundamental que las autoridades, desde el gobernador hasta los regidores, entiendan que su compromiso debe ser con el bienestar de la comunidad y no con intereses personales o agendas ocultas. Para esto, es imprescindible fortalecer los mecanismos de fiscalización y rendición de cuentas, así como promover una participación ciudadana activa en el seguimiento y evaluación de la gestión pública.
Además, es esencial que el sector empresarial se adhiera a prácticas éticas, rechazando cualquier forma de corrupción en la adjudicación y ejecución de obras. La corrupción no solo es un acto de deshonestidad sino también un obstáculo directo para el progreso y desarrollo sostenible de Huánuco.




