César Augusto Kanashiro Castañeda
Una de las preguntas clave planteadas por los actores del ecosistema financiero se refiere al estado de la evolución de las fintech: ¿Se han producido la mayoría de los avances importantes en fintech hasta la fecha, o apenas estamos comenzando el viaje fintech? Hay que tener en cuenta que las fintech no son simplemente una tendencia pasajera, sino una fuerza fundamental que continuará transformando el panorama financiero en los próximos años. Así que prepárense, el viaje fintech recién está comenzando.
Se estima que la industria fintech, que actualmente representa apenas el 2% de los ingresos globales de los servicios financieros, alcance una facturación anual de $1.5 billones para el año 2030, constituyendo casi el 25% de todas las valoraciones bancarias a nivel mundial. Con un 42% de todos los ingresos incrementales, el mercado más grande se proyecta que sea Asia-Pacífico (APAC), especialmente en Asia emergente (China, India y el sudeste asiático), donde las fintechs ayudarán a expandir la inclusión financiera. América del Norte, el mercado fintech más grande, seguirá a APAC y se mantendrá como un centro crucial para la innovación. En tanto, Europa y América Latina continuarán experimentando un fuerte crecimiento, impulsado regulaciones cada vez más amigables, mientras que África puede dar un salto hacia un nuevo ecosistema financiero sin las limitaciones de una infraestructura preexistente obsoleta.
Todos los actores involucrados deben aprovechar el momento, siendo los reguladores quienes deben demostrar proactividad y liderar el desarrollo de políticas que fomenten un ecosistema financiero colaborativo, seguro y abierto. Allanar el camino para obtener licencias financieras intermedias (por ejemplo, la licencia de dinero electrónico en el Reino Unido) y el desarrollo de infraestructuras digitales de bienes públicos (por ejemplo, la Interfaz Unificada de Pagos, o UPI, en India), son algunos ejemplos del rol que deben asumir los Bancos Centrales y reguladores, en cada uno de los mercados. Los bancos y empresas de servicios financieros deben buscar asociaciones con las fintechs para acelerar su propio proceso de transformación digital y mantenerse al ritmo de las expectativas de los consumidores. Y las propias fintechs pueden encontrar que no hay mejor momento que ahora, durante el “invierno fintech”, para tomar la iniciativa, aprovechando la corrección realizada por el mercado, al tiempo que ajustan sus cinturones, para permanecer en el juego.
La razón del éxito de las fintechs en américa latina es casi la misma que hace casi una década, cuando empezaron a surgir: de acuerdo con datos del Banco Mundial, más de 2 mil millones de adultos en todo el globo están excluidos del sistema financiero formal, y el principal reto del sector es que estas personas tengan acceso a una cuenta corriente o a un servicio electrónico para guardar, enviar y recibir su dinero.
Lo que inició como una aventura disruptiva, hoy tiene un amplio rédito. De acuerdo con un estudio publicado por Statista en agosto del año pasado, el panorama fintech de América Latina experimentará un impacto transformador en los próximos años, con estimaciones que aventuran, para el año 2025, una base de usuarios de 85 millones lo cual representa una cuota del mercado latinoamericano del 28,6%.
Esto implicaría una significativa migración hacia soluciones financieras digitales y tecnológicas nacidas dentro del continente, por sobre la oferta de la banca tradicional.
Las fintechs son la opción que está viendo el público para poder mantener el control de sus finanzas. Las fintechs son un gran espacio de democratización de las finanzas, de eliminación de los límites territoriales y, por lo tanto, en uno de los grandes íconos de defensa de la libertad para lo que va en la primera parte de este siglo.
El gran desafío que van a tener las fintech en los próximos años es ser capaces de cumplir con los requerimientos [legales] sin perder su capacidad de innovación, su capacidad de creación y de establecer nuevos criterios.
A futuro, además, muchos países del mundo emitirán sus monedas digitales a través de sus bancos centrales (CBDCs) y la tokenización de activos abarcará y será adoptada en diversos mercados. Por ello la regulación será cada vez más dinámica y deberá adecuarse siempre y con mayor velocidad a los cambios tecnológicos. Otro punto importante será la implementación de la ISO 20022 en el sistema internacional de pagos lo que digitalizará y masificará aún más la tecnología subyacente.
En los próximos años seremos testigos de la evolución de la banca hasta convertirse en una alternativa 100% digital, mayor adopción de biométricos en los procesos de pago, mayores filtros de seguridad e innovación tecnológica que nos permita crear una nueva forma de relacionarnos con nuestro dinero.
“En Perú, donde más del 60% de las personas no tiene acceso a una bancarización bajo ningún tipo de criterio, las fintech han hecho una diferencia y han ido marcando una tendencia que es interesante de abrir espacios que, al final del día, lo que hacen es buscar o luchar directamente con la superación de la pobreza. señala María Fernanda Juppet, de Cryptomarket.




