TARDES DE TELEVISIÓN

Por: Jacobo Ramírez Mays
El principal propósito de la televisión es distraer y creo que algunos productores se han tomado en serio dicho objetivo. Pero lamentablemente la distracción que proponen, según mi triste apreciación, en vez de divertir nos embrutece más de lo que ya estamos.
En estas vacaciones que han pasado he visto algunos programas de eso que les llaman reality o programas que se caracterizan por lo conflictivo de los personajes y en donde se compite para no ser eliminados.
En esos programas la gran mayoría de participantes no son peruanos sino están distribuidos entre argentinos, venezolanos, uruguayos, brasileños y de otras nacionalidades más.
Estos jóvenes y señoritas, todos ellos con cuerpos espectaculares y alimentados con esteroides anabólicos, forman parte de equipos y se enfrentan para lograr puntos ya sea en forma grupal o individual.
En dos canales de señal abierta dichos programas tienen una duración de dos horas. Con reloj en mano he comprobado que 45 minutos del total del tiempo pasan propagandas de los auspiciadores. En los 30 minutos siguientes nos muestran problemas o conflictos de los participantes. Puede ser un ampay (que, si escuchamos con atención los comentarios, nos podemos dar cuenta que han sido armados por la productora) o una pelea de algunos exenamorados. En este espacio se dedican a mostrar a sus participantes como personajes no aptos para ser imitados (ella es la jugadora, él un Don Juan). En los 45 minutos restantes, los competidores participan de diversos juegos acompañados de continuos reclamos y quejas.
Uno de esos programas tiene un espacio llamado “La escuelita”, en donde los participantes con uniformes escolares juegan a estar en un aula o en un salón de clases. Las preguntas que hace el profesor es un insulto a cualquier profesional y creo que es una mofa a los miles de profesores que se preparan para ser mejores cada día. En esa supuesta escuela, los alumnos, cuando participa alguien respondiendo una pregunta le silban, hacen chacota y tiran papeles enrollados sobre la cabeza, incluso, del que hace de profesor. Este episodio hace que muchos jóvenes estudiantes estén haciendo lo mismo en sus colegios, porque crean o no, la televisión influye incluso en el comportamiento de muchos ciudadanos.
En una de esas emisiones televisivas existe un ser a quien le llaman “Jefe”. Este individuo se muestra agresivo, prepotente, déspota, tirano, dominador, mandón, amo y señor del programa y los integrantes de ese rality, mostrándose sumisos, humillados, dominados, se enfrentan a ese sujeto, sin un mínimo de dignidad.
Cuando los participantes son afrontados a preguntas de conocimientos da vergüenza escucharlos. Para ellos la capital de Alemania es Ámsterdam, Nicolás Copérnico, el que formuló la teoría heliocéntrica, es el descubridor de la ley de la gravedad, El Quijote de la Mancha fue escrito por César Vallejo y Pantaleón y las Visitadoras por Pancho Lombardi. La bronquitis es una inflamación después de una bronca, coliflor es un pajarito de colores, VRAE significa Víctoria Regional de Amnistía y Educación y La Mona Lisa fue pintada por Leonardo Dicaprio. Escuchar eso y otras respuestas más pone al descubierto la preparación cultural de esos participantes y la información dada por estos programas.
Analizando los programas que nos proponen la televisión nuestra de cada día, podemos decir que no nos da nada de diversión ni de entretenimiento, peor de conocimiento; sino por el contrario, nos está adormeciendo, está matando nuestras pocas neuronas que quedan vivas, está destruyendo nuestra identidad, está sembrando alienación en nuestros niños, jóvenes e incluso en algunos adultos y está permitiendo que sin conocimientos básicos podemos reírnos de los demás.
Las Pampas, 23 de marzo de 2017.
P.D. Quiero abrazar a cada uno de los habitantes de ese pedazo de cielo que es Las Pampas de Tomayquichua, porque el día de ayer ha estado celebrando 81 años de fundación. Lo vivido, comido, bebido y demás cosas hechas ahí siempre lo llevaré en mi mente.