TANTO CARIÑO

Suena mi celular y aparece en la pantalla el nombre de Roddy Huaranga, profesor de matemática al que conozco desde hace siglos, o al menos eso parece. Roddy es de esos personajes que uno no olvida: adicto al café cargado, al trabajo en exceso (como si el estrés fuera parte de su vida), al manejo precavido y a persignarse cada vez que suelta una lisura, como si eso exorcizara el pecado.


Atiendo. Su voz, como siempre, viene cargada de confianza y respeto. En el fondo, confieso que espero otra cosa: que me diga que tiene café. Uno de esos paquetitos mágicos que le manda una señora desde la selva, cuyo aroma te persigue todo el día como buen recuerdo. No sabe qué variedad es, Roddy es profesor de matemática, no catador de café; pero cuando tiene y le sobra, se acuerda de mí.


Pero no. No es café lo que me ofrece esta vez. Es otra cosa. Me cuenta que está trabajando en la I.E. N° 32140 El Progreso, en Ambo. Y que, un día en clases, ha descubierto que sus alumnos no entienden matemáticas porque no leen. Y si leen, no comprenden. “¿Cómo van a resolver problemas si no entienden el enunciado?”, me dice con un tono de cólera y preocupación. Me pide que vaya al colegio a hablar sobre la importancia de la lectura. Acepto, porque quiero, porque me importa y también porque aún guardo la esperanza de que al final de la charla, quién sabe, me saque un par de kilos de café.


Llega el jueves. Llego a Ambo. Subo por calles empinadas, rengueando, como la educación peruana, y preguntándome si ya estoy viejo o si siempre fui así de torpe para las cuestas. Paso por el cementerio (quizás una advertencia simbólica), y tras varias vueltas, llego al colegio. Una puerta de rejas. Escucho una voz femenina que explicaemocionada un pasaje de Los ojos de mi princesa. Trago saliva, me pongo nervioso. Saco el celular para avisar que ya llegué, pero entonces lo veo a él: Roddy, sonriendo, como quien dice “ya caíste”.


Por el altavoz anuncian mi nombre. Aplausos. Euforia juvenil que me hace sentir famoso por un segundo. La profesora Ludi Ureta, directora del colegio, me recibe y, como premio de bienvenida, me sirven una taza de café pasado, no como el de la señora de la selva que le manada a Roddy, pero le agradezco.
Entra un niño. Se llama Bruss. Dice que es mi fan, me abraza como si yo fuera un pokémon legendario, y me pide un autógrafo. Le firmo. Después vienen más. Me siento como una estrella pop de tercera categoría en gira por provincias. Firmo en casacas, polos, buzos, gorras, hasta en una pelota.


Salimos al patio. Es tan pequeño como el colegio, pero dicen que el corazón es grande,aunque la casa es chica, intento creerlo. Les hablo. Me escuchan una hora entera. Ríen cuando les cuento que mi esposa me jala del cabello cuando me distraigo, que alguna vez me confundieron con sacerdote, que jugaba con piedras y latas creyendo que eran carros, que cabalgaba un palo de carrizo como si fuera un caballo. Se emocionan cuando les digo que mis bolsillos estaban vacíos de billetes, pero llenos de canicas. Y les digo lo que vengo repitiendo hace años: que leer es volar sin moverse del lugar.


Termino. Preguntas. Muchas. Ruego que ninguna sea sobre matemáticas, porque ahí sí me derrumbo y arruino el show. Respondo como puedo. Me aplauden. Me piden más firmas. Lo hago en los snacks que publiqué hace un año, en mochilas, en cualquier cosa que se deje firmar. Me toman fotos como si fuera una especie en extinción. Me siento observado, como un bicho raro, uno que escribe y encima le gusta.


Al final, agradezco. Y ya de camino a casa, le hablo al Universo (porque a veces uno necesita monologar con alguien superior): gracias por tanto cariño. Después, ya más terrenal, le pregunto a Roddy si en ese colegio hay profesores de comunicación. Me dice que sí, que hay dos. Y yo pienso, con cariño, con sarcasmo, con esa mezcla que da el cansancio: entonces, ¿qué están haciendo? Y digo que la próxima que vaya les voy a pedir autógrafos. Porque con tanto amor y tan poca comprensión lectora, alguien tiene que estar haciendo magia. O simplemente, nadie está haciendo nada.

Las Pampas 08 de mayo del 2025