Por Arthur Chávez
Hay en muchos estudiantes una aparente pequeña tara en su aprendizaje de los sustantivos concreto y contable, que, en realidad, se convierte en un grave problema si no se corrige pronto.
En el primer caso, por una errónea interpretación de la definición o por simple negligencia se suele creer que un sustantivo concreto es aquel que existe y, por el contrario, el sustantivo abstracto es el que no existe. Puede que este concepto haya surgido de no leer o entender el concepto completo que dice que un sustantivo concreto es aquel que existe “en la realidad”, es decir, que se puede percibir con los sentidos, además también dice la definición que se puede representar como real, o sea, que se le puede dar una forma definida. No es lo mismo “que exista” a “que exista en la realidad”. Así, el sentimiento “amor” existe, pero no existe en la realidad (no puede ser percibido con los sentidos) y además no se le puede dar una forma definida, por lo tanto, es un sustantivo abstracto.
Con una definición a medias, también se puede errar desde lo opuesto, al creer que algo que no exista debe ser abstracto, como el caso de una quimera (bestia mitológica) o un unicornio. Sin embargo, aunque son seres ficticios y por ende inexistentes, estos tienen una forma definida: pueden ser representados como reales. Si te muestro un cepillo y te digo que eso es un unicornio, te reirías de mí. Lo mismo si te muestro un libro o un plumón o un papel, ya que tienes en tu mente una figura ya formada de lo que es dicho ser. Así que, quimera y unicornio deben ser considerados sustantivos concretos.
Llegado a este punto, incluso es necesario mencionar que no basta con que se te presente una palabra para designar una clasificación, puesto que las palabras no adquieren un significado solas, sino que están supeditadas a un contexto. Es por eso que la palabra “amor” puede ser concreta o abstracta dependiendo de cuál sea la circunstancia en que es mencionada. “Siento mucho amor por ella”, si hace referencia al sentimiento, como ya lo mencioné párrafos arriba, sería un sustantivo abstracto; sin embargo, en “Amor, pásame aquel libro, por favor”, el término en cuestión refiere a una persona, eso convierte a la palabra en un sustantivo concreto.
En el segundo caso, el de los sustantivos contables, la confusión nace de no entender al pie de la letra la definición de “poder”. “¿Puedes saltar desde el décimo piso?”, “No”. Cuando en realidad sí es posible, porque es factible subir el décimo piso y dar un paso al vacío; empero, respondemos que no porque no nos atreveríamos. Algo similar ocurre cuando nos preguntan si podemos contar cantidades infinitas: “¿Puedes contar las estrellas?”, “No, son muchas”. Realmente es una respuesta errónea, una cosa es poder contarlas y otra, poder contarlas todas o terminar de contarlas.
Poder contar algo, en el concepto gramatical, significa que se le puede presentar con determinantes cuantificadores: uno, dos, tres… Puedo decir: una estrella, dos estrellas, tres estrellas… Eso quiere decir que “estrella” es un sustantivo contable. Lo mismo sucede con “cabello”, en un primer pensamiento quizás podríamos responder que es incontable, pero si lo pensamos mejor, podemos contar un cabello, dos cabellos, tres cabellos… Así que “cabello” es un sustantivo contable. Eso no se puede hacer con “agua”, no hay manera de mencionar un agua, dos aguas, tres aguas, etc., por lo que dicho término debe ser considerado incontable. Generalmente los líquidos son parte de este grupo: petróleo, aceite, gaseosa.
Después de leer esto, ya no hay razón para que vuelvas a decir que dragón es abstracto o que pluma es incontable.




