SUSANA CAYO

Qué harán cuando yo no esté. El mundo seguirá girando y el mediterráneo también (Su).

Israel Tolentino

Desde hace mucho, considero los libros autobiográficos, incluso, por simples que sean, o sin intencionalidad, pero con sensibilidad de quien lo porta, como la única oportunidad de estar próximo a un autor. Esto, no es sencillamente por tener el relato entre los ojos o porque el objeto se asume como la extensión de la corporalidad del autor – por ponerle un nombre- al ser que comparte lo revelador o lo que recuerda de su existencia, sino, porque en el libro, todo artista se deja ver.

Canal del Miracle. Montaña de Montserrat (Catalunya). (Fotografía: cortesía de la artista).

Una pintura puede estar frente al sofá, la distancia entre la pared donde cuelga y nuestro punto de contemplación le da un aura de sacralidad, ese trecho, se vuelve una pared invisible, una vitrina blindada, donde solamente los ojos participan. En el libro autobiográfico o de artista, como un álbum fotográfico, la distancia con el gran vidrio invisible se diluye, permitiendo el encuentro de las manos con el objeto libro.

El Blue Heart. Reial Club Marítim de Barcelona (Fotografía: cortesía de la artista).

En todos estos años sin vernos ni haber tomado una cerveza, compartido trabajo, expuesto juntos, habernos llamado; recuerdo que te escribí hace 15 años, justamente antes de viajar a Buenos Aires y tus pedidos, fueron abundantemente antojos: Inka Kola, chocolate D’Onofrio, chicha morada en polvo. Tengo desde entonces una deuda, tal vez, ya no llevarte esos venenos de nuestra niñez, sino el remedio en circunstancias como estas: un abrazo.

Cima, Santa María de Magdalena. Montaña de Montserrat (Catalunya) (Fotografía: cortesía de la artista).

Querida Susana, que mejor que tus palabras: “apreciada Mar, Princesa del Océano, simplemente no puedo evitar escribir que estás presente en cada rayo de luz que traspasa las aguas del mar Mediterráneo, que son azules como las medusas que viven en ellas, azules como los ojos turcos que venden en Estambul”. Toda la poesía frente a ese mar de Villa hecha realidad, la más cruda de las realidades, sin embargo, tu arrebato va delante y pretendo sea humor cuando dices: “¿qué harán cuando yo no esté? El mundo seguirá girando y el mediterráneo también”. Alguna vez no estaremos, ni tú, ni yo, ni nadie, por eso es importante ahora, con miedos y centellas, como siempre lo has hecho, yendo a contracorriente, seguir remando.

BLU capítulo 22. Dibujo – texto (Fotografía: cortesía de la artista).

En Buenos Aires el mundo de las marionetas se sumó a tu vida junto con Emiliano, las olas te acercaron a la península conquistadora a tomar la decisión de ya no pisar el suelo, de vivir en el Mar. Tu vida andariega te traslada a Barcelona, no frente al mar, sino, sobre el mismo azul de Neptuno y Circe, sobre una lancha, un bote, un velero, un navío heredado de recónditos pescadores mediterráneos… Encontrar en su azul, escondrijo para el dragón perseguido por San Jorge que habita en ti, para la tinta y sal que necesitaba tu paleta oscura como los ojos de Hércules, para sumarte al ciclo de Barcelona y, poniendo tus guantes nuevos al lado de los antiguos, darte cuenta del paso del tiempo. 

He recordado estos fragmentos desde la silla en la cocina de la casa de mamá Oti en Huácar; afuera el cerro Rocoscoto y la luna cuarto creciente; me cuesta imaginarte sobre el mar; seguramente frío, turquesa, con peces y aves con brillos disímiles, con siete horas de diferencia a tu favor. Desayunas mientras intento dormir. Tus textos – dibujos- cartas, son prueba hermosamente triste de la lejanía, de la medida que te separa con cada destinatario y sin embargo, contradictoriamente, la forma más dulce de atravesar ese tiempo y ese espacio para sentir proximidad, entre nosotros y tú.

Cuando la vida y el arte se confunden, como uno con su sombra mientras se aleja, caemos a la cuenta y aceptamos calladamente: vida y arte imposibles de separar, como Frida Khalo, Ana Mendieta, Pedro Lemebel… Tus manos, hace mucho sufren con tomar un pincel, un lápiz… mucho más una máquina moladora. La “Inoperancia” de tus extremidades no encarcelan tu voluntad creadora, tomas un papel y lo refrigeras al mar de Barcelona y cuando más se hunde vuelves a recuperarlo y ese papel retorna como parte tuya, de tu cuerpo fragmentado.  

Susana Cayo, ha recuperado del mar, al ingrediente mayoritario en nuestra constitución, al líquido amniótico. El mar de Barcelona es vientre de ella y el de su madre, como en la canción de La Renga: “El Final es en Donde Partí” (Huácar, febrero 2026).