En un contexto donde la seguridad, la calidad educativa y el bienestar integral de los estudiantes deben ser prioridades incuestionables, saludamos con firmeza y esperanza la reciente iniciativa emprendida por la Unidad de Gestión Educativa Local (UGEL) Huánuco para fiscalizar a las instituciones privadas del ámbito provincial. Este paso, más que una acción administrativa, es un compromiso ético con el presente y futuro de miles de niñas, niños y adolescentes.
Según lo señalado por el director de la UGEL, Francisco Pérez Naupay, esta supervisión técnica busca corregir deficiencias en infraestructura, verificar el cumplimiento del currículo y evaluar las condiciones generales del servicio educativo. Se trata, en esencia, de proteger el derecho fundamental de los estudiantes a recibir una educación segura, pertinente y de calidad, sin importar si asisten a un colegio público o privado.
Es alentador que este proceso no se limite a una inspección superficial, sino que involucre a un equipo multidisciplinario con profesionales de arquitectura, derecho y pedagogía. También destacamos la incorporación de mecanismos que permiten recibir denuncias anónimas por parte de los padres de familia. Ello refuerza la transparencia del proceso y facilita la participación activa de la comunidad en la construcción de un sistema educativo más vigilante y responsable.
Más aún, la revisión del contenido pedagógico representa un esfuerzo clave por alinear la enseñanza privada con los estándares nacionales, evitando así que el negocio educativo prevalezca por encima del rigor académico. Si bien las instituciones privadas juegan un papel importante en la oferta educativa, no pueden operar al margen de las exigencias del Estado ni descuidar el bienestar de sus alumnos.
Frente a una realidad en la que se han reportado establecimientos que operan en condiciones inapropiadas o con documentación incompleta, esta acción de la UGEL constituye un mensaje claro: la educación no es un servicio que se improvisa. Debe estar reglamentada, supervisada y en constante mejora.
Es deber de los padres, la sociedad civil y los medios de comunicación respaldar estos esfuerzos, no solo para aplaudir lo que se hace bien, sino también para vigilar su continuidad y profundidad. La educación no puede ser rehén de la negligencia ni del lucro. La escuela debe ser un entorno de crecimiento, aprendizaje y protección.




