Suecia pasó a los cuartos de final de la Copa del Mundo después de casi 24 años, con una victoria sobre Suiza por la mínima (1-0), gracias a un disparo de Emil Forsberg, en San Petersburgo.
En un partido disputado con cautela desde los primeros compases, los suecos echaron mano de la fórmula que mejor le ha funcionado hasta el momento: replegarse, defender con solidez y golpear a la contra. Suiza, por lo tanto, ha sido el equipo más activo sobre el terreno de juego cuando ha tenido el balón. Sin embargo, el planteamiento reactivo del conjunto de Janne Andersson ha resultado más acertado. De las poquísimas ocasiones creadas, las mejores han sido de los suecos.
En una especie de guerra de desgaste, conforme avanzaba el cronómetro empezaron a vislumbrarse destellos de posibles momentos desequilibrantes, pero tanto las malas definiciones de unos como la buena suerte de otros los han empañado. Precisamente fue la fortuna la que se encargó de decidir al ganador.




