Su álbum no tiene letra ¿Tendrá eco su protesta contra la IA?

La inteligencia artificial (IA) continúa generando controversia en diversos sectores, y el mundo de la música no es una excepción. Más de mil músicos británicos han optado por una forma de protesta inusual y elocuente: un álbum sin letras, lanzado el martes, como respuesta a la propuesta del gobierno británico de ampliar las posibilidades de que los desarrolladores utilicen obras protegidas por derechos de autor para entrenar modelos de IA. Esta iniciativa subraya la creciente preocupación entre los artistas sobre el futuro de su trabajo y el valor de su propiedad intelectual en la era digital.

Según la investigación publicada por The New York Times, el álbum, que cuenta con la participación de figuras icónicas como Annie Lennox, Billy Ocean, Hans Zimmer y Kate Bush, no es un silencio absoluto. En cambio, presenta grabaciones de estudios vacíos, representando, según los artistas, “el impacto que las propuestas del gobierno tendrían en los medios de vida de los músicos”.

Los sonidos capturados en este álbum conceptual son sutiles y evocadores: pasos, susurros, el cierre de una puerta, el volteo de una página, incluso el zumbido de una mosca. Difícilmente serían considerados canciones por el público general, aunque quizás algún compositor contemporáneo audaz podría argumentar lo contrario. La intención, sin embargo, es clara: transmitir la potencial esterilidad creativa que podría resultar de una regulación que facilite la apropiación del trabajo artístico por parte de las empresas de IA.

Kate Bush, una de las artistas que contribuyó al álbum, declaró que “Si estos cambios siguen adelante, el trabajo de toda la vida de los músicos del país se entregará gratuitamente a las empresas de IA”. Esta afirmación resume el núcleo del problema: la percepción de que el gobierno está favoreciendo los intereses de la industria tecnológica a expensas de los derechos y el sustento de los creadores.

Bajo las propuestas del gobierno, los artistas tendrían que optar activamente por excluir sus obras del uso para el entrenamiento de la IA, lo que se conoce como “reservar sus derechos”. Esta inversión de la responsabilidad, trasladando la carga del control de sus obras al titular de los derechos, es un punto central de la controversia. La consulta pública sobre la propuesta, que forma parte de una discusión gubernamental más amplia sobre derechos de autor e inteligencia artificial, cerró el martes por la noche.

Ed Newton-Rex, organizador del álbum y director ejecutivo de Fairly Trained, una organización sin fines de lucro que certifica a las empresas de IA generativa por los datos de entrenamiento que utilizan, explicó que “Optar por la exclusión traslada la carga del control de sus obras al titular de los derechos”. Este cambio, argumenta, crea una desventaja para los artistas, que se ven obligados a monitorear y proteger activamente su trabajo en lugar de que la protección sea la norma por defecto. El debate actual se enmarca en un contexto donde la industria musical lucha por adaptarse a la era del streaming y la inteligencia artificial, buscando modelos que garanticen una compensación justa para los creadores. La recaudación global de la industria musical grabada alcanzó los 26.2 mil millones de dólares en 2022, según la IFPI (Federación Internacional de la Industria Fonográfica), mostrando un crecimiento, pero la distribución de estos ingresos sigue siendo un tema de debate. Además, la legislación sobre derechos de autor en el Reino Unido data principalmente de la década de 1980, necesitando una actualización para abordar los desafíos de la era digital y la IA.