Arlindo Luciano Guillermo
En los libros, hay palabra, emoción y creatividad; el libro siente y se conmueve. Cuando se lee un libro, un tiempo nuestro se queda impregnado en sus páginas. Las anotaciones son las huellas digitales del lector. Los libros tienen reputación y honor; inspiran admiración y respeto. Los amamos incondicionalmente mientras seguimos sintiendo el impacto emocional de la lectura. Hay libros que atrapan desde el inicio hasta voltear la última página. Siempre me he preguntado por qué un libro se apodera de la preferencia del lector y otros fácilmente son dejados de lado o postrados en la biblioteca. La razón es que el libro hace match directo con las necesidades y las expectativas del lector. El título Nexus de Yuval Harari no dice mucho. Da la idea de enlace, conjunción o unión. Llama la atención el subtítulo: Una breve historia de las redes de información desde la Edad de Piedra hasta la IA. Crónica de una muerte anunciada de García Márquez es una novela que combina ficción literaria y periodismo. En el pueblo, todos saben que los hermanos Vicario, carniceros y hermanos de Ángela Vicario, van a matar a Santiago Nasar, pero nadie sabe cómo, cuándo ni dónde; lo acusan de desfloración y haber frustrado el matrimonio de Ángela con Bayardo San Román, quien, al constatar que no es virgen la primera noche de bodas, la devuelve a la familia. Es una afrenta grave, que amerita venganza y muerte. En las últimas páginas, sabemos que Santiago Nasar es asesinado. Edipo rey descuadra al lector neófito y veterano; es una ficción que, en el siglo XX, fue objeto de estudio de Sigmund Freud. Un hijo mata a su padre sin saberlo (parricidio), se casa con su propia madre (incesto) y tiene descendencia.
Dice Javier Cercas, gran novelista español: “Cuando alguien me dice que no le gusta leer, lo único que se me ocurre es darle el pésame”. Nadie lee por gusto, sino por necesidad, placer, pasión y urgencia de cultura, información y comunicación. Quien no lee pierde oportunidades. Leer es semejante al placer sexual y al orgasmo. En el discurso leído el 24 de noviembre de 2024, en la Real Academia de la Lengua, titulado Malentendidos de la modernidad. Un manifiesto, dijo: “Un libro sin lectores es letra muerta; es solo cuando el lector abre sus páginas y empieza a leer cuando esa letra muerta cobra vida, y además una vida nueva y distinta en cada caso: en cierto modo, cada lector crea su propio libro, leyéndolo desde su propia experiencia”. La existencia del lector para el libro y el autor es imprescindible. Es cuestión de saber para quién se escribe. El principito -publicado hace 82 años- fue escrito para niños cronológicos y “niños adultos”, es decir, para todo aquel que, con espíritu infantil y curiosidad e imaginación libres, puede leerlo con entretenimiento, fines motivacionales y búsqueda de lecciones de vida. El zorro le dice al principito: “Solo se conocen las cosas que se domestican. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Pero como no hay tiendas que vendan amigos, los hombres ya no tienen amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!” El principito le responde: “Hay que ser paciente. Primero te sentarás sobre la hierba, un poco lejos de mí (…) Yo te miraré por el rabillo del ojo, pero tú no dirás nada. El lenguaje es fuente de malentendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco cerca”. La amistad inicialmente no se entrega en bandeja; se brinda y ofrece con prudencia y sinceridad. Más adelante, el autor de Soldados de Salamina, afirma: “Hay libros buenos que se venden mucho y libros buenos que se venden poco, igual que hay libros malos que se venden mucho y libros malos que se venden poco (…) la labor insustituible de la crítica literaria consiste en determinar qué libros —se vendan mucho o se vendan poco— son buenos, y qué libros, malos”. El lector es selectivo y prefiere satisfacer sus propios intereses. Nadie lee lo que no le interesa. Leemos lo que nos provoca curiosidad y novedad.
El jueves 25 de setiembre, en el auditorio de la UNDAR, se presentó Criolladas de la administración pública y otros cuentos de Manuel Peña. Se hizo un comentario sobre los actores que giran alrededor del libro, ese “artefacto cultural” que conecta al escritor con el lector. El libro empieza con un interés personal por comunicar algo de la realidad, luego aparece el “corrector de estilo”, entra el editor y se incorpora al circuito de la comercialización donde camina con el impulso de la publicidad y la demanda. Un libro ha sido publicado para ser vendido, leído y apreciado. El escritor y lector establecen una relación cercana e íntima. El libro es inversión económica. Un libro sin lector es un huérfano desvalido; no tiene sentido publicar un libro para que nadie lo lea. Si un libro se adhiere al lector como un pegamento poderoso, el escritor ha encontrado su lector leal. Y, precisamente, el lector es el fin supremo de la publicación de un libro. Siempre hay que considerar el “interés superior del lector”. Sin lectores no existen escritores ni libros. El lector compra, invierte, entrega su tiempo, busca su propio espacio, subraya, protege su libro, elige, prioriza agenda, se encoleriza y emociona, sonríe, bosteza de cansancio, se asombra, disfruta, valora, aprecia, critica, opina, se apropia de relatos y personajes o desprecia sin piedad. Lo peor que le ocurre al escritor es la indiferencia del lector. El lector es el termómetro para medir preferencia, efectividad y trascendencia del libro. Soy lector apasionado, compulsivo y disciplinado; soy capaz de postergar diversiones, citas concertadas y ceremonias por leer. Eso es lo que mejor sé hacer: leer y escribir.
Cualquier escritor hubiera querido ser el autor de la Ilíada, el Quijote, Cien años de soledad, Los heraldos negros, Los versos del capitán o Pedro Páramo. Un buen libro debe cumplir ciertos requisitos. Uso de lenguaje pulcro y estilo original, que lo distinga de otros. Historia, circunstancias y personajes espejos donde se vean retratados los lectores y la ciudadanía. Provocar un impacto emocional y psicológico que jamás se borre de la memoria del lector. Siempre recordaremos la disputa de Aquiles y Agamenón por la esclava Briseida, a Aladino y la lámpara maravillosa, Alí Babá y los 40 ladrones o Simbad el marino, a Gregorio Samsa convertido en un repugnante insecto o a Comala, pueblo fantasmal, donde los muertos sueñan, sudan, copulan y conversan. Eso queda como tatuajes en la memoria. Simbolización de la realidad social y cultural. La literatura no es ficción que sale de la nada. El periodismo y la historia se ajustan a la verdad demostrable. Detrás de La ciudad y los perros o de Conversación en La Catedral está la historia del Perú: el autoritarismo institucional y político. Un libro publicado transita en la sociedad buscando su lector; si este lo ve, lo lee, no lo deja, lo relee, ese libro ha superado la valla del tiempo. El libro es un recinto sin ornamento ni confort donde se encierra el lector para huir del ruido. La lectura es “vicio saludable” que no daña ningún órgano vital ni lacera las emociones. Quisiera que la muerte me visite cuando esté leyendo un libro. La lectura y los libros siempre están presentes en mi vida personal.




