Jacobo Ramirez Mayz
Mira, Apóstata, me dijo el profesor apenas me vio cruzar la plaza, con ese tono de quien ya ha visto muchas cosas, pero lo de ahora ya le quieren sacar de sus casillas. Te voy a contar algo que parece chiste, pero es tragedia. La nueva peste de Huánuco no son las ratas, ni los regidores, ni siquiera los mototaxistas con parlante. Son los rompe muelles.Los cuales están siendo puestos por todas partes.
¿Rompe muelles, profesor? Sí, Montículos de cemento puestos cada dos cuadras, como si fueran altares a la estupidez. Tú que ya no te quedas mucho por aquí deberías hacer un esfuerzo y mirar cómo está quedando esta ciudad. A ratos pienso que solo vienes a confirmar que tomaste la mejor decisión al largarte a vivir a Las Pampas. Si condujeras ahora por estas calles sentirías que, en vez de manejar, estás participando en un concurso de saltos. ¡Zas!, otro montículo. ¡Pum!, otro susto a la columna. Y si no tienes suerte, hasta se te puede salir la fe, el hígado o una recordadita a la madre a los que mandaron hacer ese trabajo.
¿Y dicen que es por seguridad? Claro, claro. Seguridad de las farmacias, que están haciendo su agosto vendiendo pastillas para el dolor que queda después que uno se pasó ese rompemuelles distraído. Porque entre tú y yo, Apóstata: ¿cuándo en esta tierra algo se ha hecho sin llevar su tajadita escondida? Cada rompe muelle es una obra, y cada obra, una licitación. Y ya tú sabes cómo termina esa historia: presupuesto inflado, contratista feliz, camioneta nueva y el pueblo a saltar.
¿Y la gente? La gente anda como rana urbana. Brinca aquí, brinca allá. Ahora resulta que estamos en la ciudad del salto: no porque hay progreso, sino porque todos andamos brincando con los carros. Uno se siente como en uno de esos videojuegos que segurojugaban tus hijos, pero en nivel “supervivencia urbana”. Pero aquí no hay premio, no hay puntos, solo rabia. Impotencia, y más impotencia.
Y cuando no estás saltando, estás esquivando huecos o leyendo los carteles que dicen “obra del pueblo para el pueblo”, mientras un inspector municipal apunta una placa ensu libretita o toma fotografías a vehículos mal estacionados.
Pero los inspectores solo están haciendo su trabajo, ¿no? Ajá, excepto cuando el carro es de un tombo, de un juez, del regidor, del cuñado del alcalde. Ahí sí se hacen los ciegos. Tú deja tu motito diez minutos frente al banco, y verás cómo la grúa te cae como el espíritu santo y te levanta el vehículo como si fuera criminal. Pero ve a la comisaría: motos en la vereda, autos en los cruces peatonales y nadie dice ni pío. ¿Será que el reglamento de tránsito viene con versión para pobres y versión para apadrinados? O los vehículos de ellos tienen inmunidad vial o bendición celestial incorporada, seguramente.
¿Y el alcalde? Bien, gracias. Inaugurando rompe muelles como si fueran monumentos al progreso. Capaz pronto organiza un concurso: “El rompe muelle más inútil del mes”. Yo te juro, Apóstata, que ya sueño con ponerles nombre, como si fueran esculturas: Rompe Muelle “Gestión Transparente”, Rompe Muelle “Amigo del Pueblo”, o Rompe Muelle “Pa’l que cobra sin hacer nada”.
¿Y cuánto cuestan esas obras? Ah, ese es el misterio mejor guardado. Porque uno ve un cerro de cemento de medio metro y piensa: esto lo hizo mi sobrino con cuatro palas de mezcla. Pero no. Aquí los montículos tienen alma de satélite: deben tener sensores, WiFi, GPS, inteligencia artificial, porque los precios, ¡mamita! Si te pones a sumar, podrían pavimentar media ciudad con lo que gastan en uno.
¿Y entonces qué hacemos? Saltar, Apóstata. Saltar y aguantar. Como siempre. Hasta que algún día, si es que Dios se apiada de este pueblo, en vez de rompe muelles, empecemos a ver rompe corruptos, rompe inútiles, rompe sinvergüenzas. Porque de esos sí estamos llenos.
Ya para despedirnos, me dijo bajando la voz y mirando a ambos lados, si algún día te topas con ese alcalde, dile que tu profe vive ahora esquivando montículos, pero con la lengua filuda. Y que si quiere poner en algún rompe muelle su nombre, le acompañe con una placa que diga: «Obra sobrevalorada en honor al insigne alcalde, que supo levantar cemento, pero jamás a la ciudad».
Ya está, profe. Le voy a mandar imprimir su frase en mármol. Mejor en concreto pobre, pa’ que se raje con la primera lluvia, igualito que sus promesas.
Las Pampas, 22 de mayo del 2025




