Sobre el sionismo, Palestina y el imperialismo

J. Miguel Vargas Rosas

Existen quienes pregonan que los judíos están justificados porque solo se defienden de los ataques palestinos. Hay otros que dan la razón a los “judíos” por motivos religiosos, a pesar de que el accionar del Estado de Israel atenta contra los principios plasmados en sus libros sagrados. No obstante, revisando la historia, es el Estado de Israel quien inició el conflicto contra Palestina, en oposición a un gran porcentaje de su propia población y con financiamiento imperialista. Esta postura “antidemocrática” indica que se debe analizar dicho conflicto como parte de la lucha de clases. Desde esta perspectiva José Carlos Mariátegui analiza la situación judía en La escena contemporánea (1981), esclareciendo que Israel no está conformada solo por la burguesía; también cuenta con un gran proletariado, cuyo «temperamento, su psicología, su vida, impregnados de inquietud urbana, hacían de las masas israelitas uno de los combustibles más próximos de la revolución» (p. 228).
Deberemos partir estableciendo la definición de Sionismo. Este y otros conceptos fueron divulgados con mayor fuerza después del holocausto nazi; así que, lo resumiremos de la siguiente manera: El sionismo es una política “nacionalista” que busca crear una nación israelita, cuya idea estuvo siempre ligada a las ambiciones nacionalistas de ciertos imperialismos. «El renacimiento judío es un fenómeno mucho más vasto —decía Mariátegui— El sionismo no constituye sino uno de sus aspectos, una de sus corrientes» (p. 225). Dentro del mismo pueblo judío, siempre existieron y aún existen antisionistas, sea porque los guían concepciones religiosas o un espíritu internacionalista, aunque el porcentaje —según los informes oficiales— se ha reducido desde que la ONU, el 29 de noviembre de 1947, decidió fragmentar Palestina para cederle un espacio a Israel, espacio que Gran Bretaña había prometido a la burguesía judía desde 1917, cuando invadió violentamente esas tierras, arrebatándoselas al Imperio Turco Otoromano. Obviamente, la ONU exigió el retiro de Inglaterra, otorgándole ventajas al imperialismo estadounidense. «De este modo, se dividió el espacio territorial de Palestina en un Estado árabe y otro judío. En realidad, esto no sucedió o no se cumplió, ya que el único que afloró fue Israel, los palestinos no querían ni aceptar el plan de la organización. Es aquí cuando se gesta el conflicto árabe-israelí, como se conoce en la actualidad» (Pariona, 2020, p. 14). Desde entonces, el Estado de Israel no abandona sus intenciones de apoderarse de toda Palestina. Inició con mayor rigor en 1967 con la denominada “Guerra de los 6 días” que obligó a millares de árabes a abandonar sus tierras y a involucrarse a Siria para defender a Palestina.
Así, los ideales que defendían las grandes capas populares y los intelectuales avanzados de Israel han sido reemplazados por la política nacionalista que impulsa el imperialismo norteamericano. Mariátegui reseña el espíritu de los judíos de su época con las siguientes palabras: «Los propios intelectuales israelitas, adheridos al sionismo, no exaltan generalmente este movimiento por lo que tiene de nacionalista. Es necesario, dicen, que los judíos tengan un hogar nacional, para que se asilen en él las poblaciones judías “inasimilables”, que se sienten extranjeras e incómodas en Europa» (p. 230). Se aclara que dicha población judía inasimilable es una minoría social. Todo esto se planteaba respetando el derecho al suelo con independencia de Arabia, de Mesopotamia y en general del mundo musulmán, atacado por el imperialismo británico de entonces. Hoy, aquellos sueños internacionalistas han sido relegados, pues la burguesía implementa una economía internacional (en el sentido de que oprime económicamente a otros países) y una política nacionalista (que permite el enriquecimiento de una burguesía específica). Esta política es el que opta hoy el Estado de Israel, bajo el asesoramiento de Estados Unidos, cuyos empresarios de armas han sido los más beneficiados, pues en abril del 2025 tenía 751 casos activos de Ventas Militares al Extranjero con Israel, valorados en 39.200 millones de dólares. Estas relaciones han permitido al imperialismo someter a Israel, creando dependencia económica; le ha permitido a la primera potencia mundial cierto control y vigilancia en la zona musulmana. Es a esto a lo que le temía el pueblo judío, porque el sionismo tiende inexorablemente a políticas ultranacionalistas. «Cuando nació la idea (el sionismo) fue ampliamente rechazada tanto por los judíos religiosos como por los judíos que se adherían a las diferentes variantes del pensamiento socialista, por lo que les costó ganar adeptos» (Briger,2020). Hay que sumar a esto las condiciones políticas, económicas y sociales en que se encuentran tanto el pueblo judío como el pueblo palestino. Citamos a continuación a Musalem (2006): «En lo político, significó la reocupación de Palestina, el fin del “proceso de paz” y la dificultad para establecer otro nuevo, debido a que Israel rechaza cualquier plan, al mismo tiempo que pretende una solución unilateral del conflicto, sin la legalidad internacional» (p. 64). De esta manera, USA no respeta en lo más mínimo ningún programa democrático internacional cuando alienta a Israel a aumentar la intensidad de sus acciones bélicas, tan solo para apoderarse de las áreas petrolíferas de Palestina y Siria.
Los resultados fueron crisis económicas y humanitarias catastróficas; en Palestina, como señala Musalem, «la pobreza y desnutrición han aumentado de manera significativa». El pueblo judío también sufre, pese a que el Estado de Israel es considerado una de las vanguardias empresariales en cuanto a tecnología. Hasta el 2018, según Pariona, la situación de pobreza iba en incremento y afectó al 20,4% de la población; el 30% de los niños vivían en la pobreza. Para el 2022 esa cifra había aumentado al 27,8% de la población; en el 2025 un 20.4% más caía en la pobreza, ya que se encontraba en el umbral de esta; para inicios del 2026, cerca de 2 millones de judíos subsistían por debajo de la pobreza. Presenciamos una lucha de clases interna en Israel y una lucha de clases internacional. Las acciones nefastas las ejecutan las clases capitalistas en sociedad con el imperialismo norteamericano, de espaldas a la mayoría social. No existe en este suceso ninguna justificación para la agresión contra Palestina ni Siria. No puede utilizarse como excusa la persecución del grupo Hamás y liquidar a más de 2,200 civiles (2014). Israel llegó al 2024 con más de 44,000 muertes en su haber y Hamás es solo una sombra que, al parecer, fue armado por el propio Estados Unidos con otros fines.
No estamos, entonces, frente a un ideal de las masas judías ni ante un internacionalismo de las clases oprimidas, sino ante el despliegue fascista del imperialismo que arrasa contra toda soberanía, derechos y libertades. Una vez más, el imperialismo demuestra que la libertad y los derechos, dentro del modelo capitalista, son solo fanfarronerías. Frente a esto, los socialistas y los proletarios del mundo deben unirse para derribar los planes funestos del imperialismo y sus lacayos; deben bregar por un internacionalismo proletario y de los pueblos oprimidos que batallan por su verdadera libertad.