Sistemas Tributarios

Sistemas Tributarios y actualización Tributaria

Por César Augusto Kanashiro Castañeda

El sistema tributario implica armonía entre los impuestos y los objetivos fiscales y extrafiscales del estado, por lo tanto, hay que considerar siempre la realidad en el cual se aplica. 

Por un lado, existe un límite espacial, debido a que el mismo se aplica a un país concreto; y por el otro, un límite temporal, ya que rige en una época determinada, es decir, sigue al tiempo.

Por su definición, sistema implica que exista un enlace entre los distintos elementos que lo conforman como: un orden, objetivos preestablecidos y comunes.  Por eso, la mayoría de las doctrinas afirman que llegar al sistema tributario es el ideal, pero lo que se tiene son regímenes tributarios, los cuales en muchos países se caracterizan por la imprevisibilidad, el cambio permanente y reformas tributarias con el único fin recaudatorio.

Los principios que debería respetar un sistema tributario ideal son:

–    Justicia y equidad en el conjunto de tributos.

–    Estabilidad, que sea previsible y brinde seguridad jurídica.

–    Neutralidad, vale decir promover la economía, no afectar las decisiones de los agentes económicos.

–    Suficiencia para solventar funciones y servicios públicos.

–    Simplicidad comprensibles y fáciles de aplicar.

–    Certeza, es decir, normas claras y precisas.

–    Economicidad por la relación recaudación con los costos de administración del sistema.

La actualización o reforma tributaria por definición consiste en la modificación de la estructura de uno o varios impuestos o del sistema tributario, con el fin de mejorar su funcionamiento para la consecución de sus objetivos. 

Una propuesta de reforma fiscal debe contar con una descripción del sistema impositivo ideal propuesto, es decir, qué se pretende hacer y a dónde se pretende llegar con la actualización.  Es clave realizar un muy buen diagnóstico del sistema vigente.

Según el último estudio publicado de CEPAL la evasión en la región es del 6,7% del PIB.  Todo ello produce un alto impacto de la erosión de las bases imponibles y el desplazamiento de los beneficios para evitar la tributación.  

Por otra parte, se destacan los elevados gastos tributarios (en torno a un 30% de la recaudación potencial). En el documento sintéticamente se dice que hay que partir de la economía y luego, ver el gasto público.

De esta forma, se deberán determinar los ingresos públicos y los impuestos. Allí, se afirma el papel fundamental del impuesto a la renta personal como mecanismo para reducir la desigualdad.

Por lo tanto, cuando se analiza el sistema tributario se debería analizar en forma conjunta el gasto público del país y también lo que se conoce como gastos tributarios, que es el monto de ingresos que el Estado deja de percibir, al otorgar un tratamiento impositivo que se aparta del establecido con carácter general en la legislación tributaria, con el objetivo de beneficiar a determinadas actividades, zonas o contribuyentes (ejemplos exenciones, deducciones de la base imponible, alícuotas reducidas).

Es muy importante estimar los gastos tributarios para aportar transparencia a la política fiscal, medir el potencial del sistema tributario y el desempeño de la administración.

Al igual que en los gastos tributarios, en el gasto público se torna imprescindible revisar en forma permanente la eficiencia del mismo y proponer las correcciones necesarias; siendo clave la transparencia de los mismos.

El trabajo realizado por Vitor Gaspar y otros «La Lucha contra la corrupción en el Estado» donde señalan que ningún país es inmune a la corrupción. 

El abuso de la función pública para beneficio propio merma la confianza de la población en el gobierno y las instituciones, socava la eficacia y la equidad de las políticas públicas, y malversa el dinero de los contribuyentes originalmente destinado a escuelas, carreteras y hospitales. 

En el estudio concluyen que, globalmente, los gobiernos menos corruptos recaudan 4% más del PIB en ingresos tributarios, que los países en el mismo nivel de desarrollo que tienen los niveles más altos de corrupción.

Destaca la conclusión arribada por Vitor que enfrentar a la corrupción constituye un reto que requiere perseverancia en muchos ámbitos, pero que sin dudas tiene enormes dividendos más allá, lógicamente, del ámbito tributario. 

Por ello es clave la voluntad política y un constante fortalecimiento de las instituciones para promover la integridad, mayor transparencia, la rendición de cuentas y cooperación internacional.