En el corazón de Groenlandia, bajo la imponente sombra del Monte Nasaasaaq, la tradicional carrera de trineos tirados por perros, Avannaata Qimussersua, se convirtió este año en un inesperado foco de tensión geopolítica. El evento, celebrado anualmente en Sisimiut, reúne a mushers y cientos de perros en una celebración de la cultura inuit y su profunda conexión con los animales.
Según la investigación publicada por The New York Times, lo que usualmente es un evento local y motivo de orgullo nacional se vio eclipsado por la controversia generada tras el anuncio de la visita de Usha Vance, esposa del Vicepresidente estadounidense JD Vance, junto a uno de sus hijos.
La visita, inicialmente presentada como un gesto de aprecio cultural, fue rápidamente interpretada por muchos groenlandeses como un intento de injerencia en su territorio. Las tensiones aumentaron debido al persistente interés del expresidente Trump en adquirir Groenlandia, territorio semiautónomo perteneciente a Dinamarca, llegando a expresar públicamente su deseo de “conseguirlo, de una forma u otra”. Este interés histórico de Estados Unidos en la isla se remonta a la postguerra, cuando incluso ofrecieron comprarla a Dinamarca en 1946 por 100 millones de dólares.
El evento Avannaata Qimussersua, con más de tres décadas de historia, es mucho más que una competición deportiva. Es una manifestación de la identidad cultural groenlandesa y un recordatorio de la importancia de los perros en la supervivencia y el modo de vida tradicional. Este año, la carrera congregó a más de 25 mushers, incluyendo un joven de 14 años, y a al menos 400 perros, desafiando el implacable clima ártico.
La cancelación del viaje de la Sra. Vance se produjo en medio de crecientes protestas y un clima de desconfianza generalizada. La población local percibió la visita como una maniobra política, exacerbada por las declaraciones previas de Trump sobre la posible adquisición de Groenlandia, reflejando la compleja relación entre la isla, Dinamarca y Estados Unidos.
El incidente subraya la sensibilidad en torno a la soberanía groenlandesa y la importancia de respetar su autonomía cultural y política. El intento fallido de la administración estadounidense de involucrarse en un evento tradicional ha puesto de manifiesto la necesidad de un diálogo más cuidadoso y respetuoso en las relaciones internacionales, especialmente en regiones con una rica historia y un fuerte sentido de identidad como Groenlandia.




