La relación entre Rusia y Ucrania ha alcanzado un punto crítico, marcado por una intensificación de la guerra de información. Moscú, desde la anexión de Crimea en 2014 y el apoyo a separatistas en el este de Ucrania, ha buscado desestabilizar al país vecino, utilizando una variedad de tácticas que van desde ciberataques hasta campañas de desinformación. La reciente escalada retórica, enfocada en cuestionar la legitimidad del presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, representa una nueva fase en este conflicto híbrido. Esta estrategia busca socavar la credibilidad de Zelensky tanto a nivel nacional como internacional, complicando aún más las perspectivas de una solución pacífica al conflicto.
Legitimidad de Zelensky
Según el reportaje de The New York Times, “La primavera pasada, el Kremlin añadió una nueva arma retórica a sus habituales ataques contra el Presidente Volodymyr Zelensky de Ucrania”.
La estrategia del Kremlin para erosionar la legitimidad de Zelensky se intensificó en mayo de 2024, cuando el presidente ruso Vladimir Putin declaró que “la legitimidad del actual jefe de Estado ha expirado”. Esta afirmación, emitida poco después de su propia reelección en un proceso ampliamente criticado por su falta de transparencia y la supresión de la oposición, sentó las bases para una campaña concertada. El objetivo principal era presentar a Zelensky como un líder ilegítimo, incapaz de llegar a acuerdos de paz válidos sin la celebración de nuevas elecciones presidenciales en Ucrania.
La situación en Ucrania es compleja, ya que la ley marcial, impuesta tras la invasión rusa en 2022, prohíbe la celebración de elecciones. Esta restricción, aunque justificada por la necesidad de mantener la estabilidad y la unidad nacional en tiempos de guerra, es utilizada por el Kremlin como un argumento para cuestionar la legitimidad del mandato de Zelensky. La campaña de desinformación rusa ha encontrado eco en ciertos sectores políticos occidentales, incluyendo al expresidente estadounidense Donald Trump, quien se unió a la narrativa del Kremlin, calificando a Zelensky de “Dictador sin Elecciones”. Esta convergencia de discursos entre Moscú y figuras políticas occidentales subraya la efectividad de la estrategia de desinformación rusa y su potencial para influir en la opinión pública y la política internacional.
Dmitri A. Medvedev, vicepresidente del consejo de seguridad ruso y ex presidente del país, expresó su acuerdo con las declaraciones de Trump, resaltando la sorpresa de Moscú ante este cambio de postura en Washington. Esta situación pone de relieve cómo la narrativa del Kremlin ha sido adoptada por figuras influyentes en Estados Unidos, lo que genera preocupación en Ucrania y entre sus aliados europeos. Históricamente, Trump ha mostrado una tendencia a adoptar puntos de vista de líderes autoritarios, incluso cuando estos contradicen las evaluaciones de sus propios asesores y agencias de inteligencia. Ejemplos anteriores incluyen su defensa del príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman tras el asesinato del periodista Jamal Khashoggi y sus declaraciones sobre Kim Jong-un de Corea del Norte, minimizando el maltrato a Otto Warmbier.
La relación entre Trump y Putin ha sido objeto de intensa escrutinio, especialmente tras las acusaciones de interferencia rusa en las elecciones presidenciales de 2016 en Estados Unidos. A pesar de las investigaciones y las evidencias que señalan la injerencia rusa, Trump ha expresado en repetidas ocasiones su admiración por Putin, llegando incluso a cuestionar las conclusiones de sus propias agencias de inteligencia. La investigación del fiscal especial Robert Mueller documentó ampliamente los esfuerzos rusos para influir en las elecciones, pero Trump minimizó estas conclusiones. Esta postura ha generado críticas y preocupaciones sobre la posibilidad de que Trump, en caso de regresar al poder, adopte políticas que favorezcan los intereses de Rusia, en detrimento de los de Ucrania y sus aliados.
La preocupación en Europa y Ucrania se centra en la posibilidad de que Trump, influenciado por Putin, pueda tomar decisiones que debiliten a la OTAN y la unidad transatlántica. La reciente adopción por parte de Trump de la línea de ataque de Putin contra Zelensky, tras una conversación telefónica entre ambos líderes, ha intensificado estas inquietudes. La situación se complica aún más por el hecho de que la guerra en curso en Ucrania dificulta enormemente la celebración de elecciones justas y seguras. La infraestructura electoral ha sido dañada en muchas regiones, y millones de ucranianos se encuentran desplazados o combatiendo en el frente, lo que hace inviable la organización de un proceso electoral creíble.
Expertos como Stefan Meister, del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores, advierten que el Kremlin busca deslegitimar a Zelensky para desestabilizar Ucrania y eventualmente instalar un líder más favorable a Moscú. Esta estrategia se inscribe dentro de una campaña de desinformación más amplia cuyo objetivo es socavar la integridad territorial y la soberanía de Ucrania. Los miembros republicanos del Congreso estadounidense que apoyan a Ucrania han criticado la demanda de elecciones por parte de Putin, señalando la ironía de que un líder que ha suprimido la oposición política en su propio país exija elecciones libres en Ucrania. Figuras como el representante Don Bacon han recordado que Putin ha eliminado o exiliado a todos sus rivales políticos, lo que pone en evidencia la hipocresía de su postura sobre la legitimidad de Zelensky.




