Jorge Gabino González
Escritor, articulista, profesor de Lengua y Literatura
Recordar el rosario de congresistas con que Fuerza Popular hizo con el Perú lo que le dio su puta gana durante alrededor de dos años; y pensar que esa misma sarta de impresentables que llevó al defenestrado Congreso a convertirse, de lejos, en el peor de nuestra historia Republicana, habría sido, según todo hace indicar, llevado ahí por el reo Fujimori, hace que vislumbremos, en su real y catastrófica dimensión, el verdadero tamaño de la nuestra inconmensurable ceguera.
Ello porque, cuando iban desfilando ante nuestros ojos desatinos tras desatinos, imbecilidades tras imbecilidades, estupideces tras estupideces, atribuíamos su responsabilidad, en primer término, a la hija del dictador (dizque lideresa, como se sabe, del partido naranja), habida cuenta de que, suponíamos, había sido ella quien, en su momento, se encargó de “seleccionar” a quienes habrían de acabar por convertirse en nuestros “padres de la patria”. Pero no, No era así.
En cualquier caso, es a lo que apuntan todos los indicios que, conocido el audio en que Fujimori coordina la inclusión de cierto individuo en la lista de candidatos de Fuerza Popular que buscarán una curul en las elecciones de enero de 2020, nos llevan a considerar, retrospectivamente, que, si pasó ahora, nada impide que también hubiese ocurrido lo mismo cuando fue el momento de elegir a sus candidatos para las elecciones de 2016. No extrañaría a nadie.
Como sea, una cosa es cierta, lo revelado en los últimos días no hace más que confirmar lo que para muchos era un secreto a voces. A saber, las siguientes dos cosas: primero, que Alberto Fujimori no está, ni por asomo, en los últimos momentos de su vida. Que pueda estar convaleciente de un mal que tampoco es que sea poca cosa, es algo que está fuera de toda discusión. Pero, de ahí a sostener que el hombre otrora hombre fuerte se encuentra completamente fuera de juego, hay un verdadero abismo. Si el chino está mejor que nunca. Hace y deshace como en sus mejores tiempos. Pues, como él mismo señala en el referido audio, respecto de las movidas políticas, es un “experto en estas cosas”.
En segundo término, que Keiko Fujimori no es más, que jamás ha sido más, que solo la careta con la que, a lo largo de los últimos años, el fujimorismo ha pretendido lavarse la cara, esto es, limpiarse del fango en que se movió durante el gobierno del sátrapa. Lo que, mal que bien, hizo presentándola como la nueva cabeza de un partido que, con nombre nuevo, y despojado de algunas de sus más recalcitrantes antiguas figuras, en el fondo, muy en el fondo, a decir verdad, no era más que la misma porquería.
Lo que resulta inevitable preguntarse, en medio de todo este arroz con mango en que parece haberse convertido el fujimorismo, es en qué estaría pensando la señora Keiko Fujimori cuando anunció que se alejaría por un tiempo de la política. ¿Estaría pensando, quizá, en “devolverle” la batuta al verdadero jefe de la banda; es decir, en retornarle el protagonismo públicamente?
Pero no, si todas estas cosas no son más que paranoias nuestras. Fujimori es un hombre mayor que ya no está para andar armándole la lista congresal a nadie. Su resquebrajada salud y, claro, su condición de reo, se lo impiden. Qué audios ni que audios. Patrañas que sus no pocos enemigos urden en su contra. Solo con el deleznable objetivo de mancillar todavía más su ya de por sí injustamente mellado nombre.
¿Es que el odio no tiene límites? ¿Es que se puede calumniar tan impunemente a este pobre hombre, sin que aquí pase nada, sin que nadie, ni siquiera sus más incondicionales partidarios, tome cartas en el asunto? ¡Si serán cabrones los antifujimoristas! Decir que el dictador, cuya salud, como es de amplio conocimiento, se encuentra tan pero tan mellada, que, en palabras del propio sátrapa, “el final está cerca”, es, en realidad, el verdadero dueño del circo, lo que habría quedado demostrado al salir a la luz el audio en el que coordinaría la lista de candidatos al Congreso de Fuerza Popular. Si este pobre hombre ya no está para esas cosas. ¿O es que no lo han visto, acaso, al anunciársele que retornaría a las rejas, afirmar que “volver a prisión es una condena de muerte lenta y segura”?
Alberto Fujimori ha vuelto. Y esa es una verdad que, nos guste o no, escapa a toda discusión. La cuestión es saber determinar cuándo tuvo lugar exactamente ese su volver, que de ello dependerá, a su vez, el que estemos en condiciones de saber hasta qué punto mucho de lo peor que le ha venido sucediendo al país en por lo menos la última década, se lo debemos a este siniestro señor.



